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Museo Thyssen-Bornemisza
 
Obras
Quappi con suéter rosa. BECKMANN, Max. Óleo sobre lienzo. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Museo Thyssen-Bornemisza. museo arte Madrid España
Ficha Quappi con suéter rosa. BECKMANN, Max
Ficha
Descripción Quappi con suéter rosa. BECKMANN, Max
Texto Catálogo
Biografía BECKMANN, Max
Biografía
Zoom Quappi con suéter rosa. BECKMANN, Max
Zoom
BECKMANN, Max
Quappi con suéter rosa, 1935
Óleo sobre lienzo
105 x 73 cm

Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid


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Entre los múltiples personajes de su tiempo que fotografió Hugo Erfurth se encuentra Mathilde von Kaulbach, llamada familiarmente Quappi. Esta bella joven de grandes rasgos miraba fijamente a la cámara, vestida con un moderno traje de flores sobre el que luce un largo collar de cuentas, a la moda de los años veinte.

Quappi, hija del pintor alemán Friedrich August von Kaulbach, fue la segunda mujer de Max Beckmann y su fiel compañera hasta su muerte. El pintor hizo de ella numerosos retratos, mostrándola como representante de ese nuevo tipo de mujer decidida, moderna y segura de sí misma, que aparece con frecuencia en las obras de sus contemporáneos. Como ha contado la propia Quappi, muchos de sus retratos estaban realizados para resaltar alguna de sus prendas de vestir: Quappi de azul sobre la barca (1926 1950), Quappi con una pelliza blanca (1937), Quappi de azul y gris (1944), Quappi con camiseta verde (1946). Esa fijación de Beckmann por los detalles estaba motivada, según sus palabras, por su intento de "captar la magia de la realidad y transformarla en pintura".

El arte de Beckmann fue un caso aislado dentro del arte alemán del momento. No formó parte de ninguno de los sucesivos movimientos expresionistas y, aunque tuvo una cierta vinculación con la nueva objetividad, nunca le convencieron sus rígidas fórmulas. Beckmann, quería representar el mundo como una tragedia para el hombre, y su lenguaje llegó a tener un tono muy amargo, aunque en el momento de pintar este retrato de Quappi su pintura ya se había dulcificado.

Quappi con suéter rosa fue pintado en dos fases, según el catálogo razonado del artista (Göpel, 1976, nº 404). En una primera sesión, pintada en Fráncfort en 1932, el retrato quedó prácticamente terminado; pero dos años más tarde, durante la estancia de la pareja en Berlín, el pintor introdujo alguna modificación y, como se aprecia a simple vista, cambió la fecha de la firma. A través del testimonio de Stephan Lackner, el primer propietario del retrato y un buen amigo de Beckmann, que recoge Peter Vergo (1992), sabemos que en la primera versión, Quappi tenía una sonrisa más amplia. No en vano, en el intervalo que había transcurrido entre las dos sesiones, la vida de los Beckmann había sufrido una fuerte transformación. Los nazis habían obligado a Beckmann a abandonar su cargo de profesor de la Academia de Fráncfort y la pareja vivía semiclandestinamente en Berlín, intentando pasar desapercibida.

Quappi está representada de frente, sentada en una butaca azul con las piernas cruzadas, vestida con un llamativo jersey rosa de pico, a juego con un bonete del mismo color, que ella misma acababa de comprarse en Fráncfort. La joven posa elegantemente, con una actitud muy sensual, con un cigarrillo entre los dedos, con ese indefinido aire de superioridad, tan moderno, que en ocasiones llevó a titular equivocadamente el cuadro como La americana.

Está pintado con una técnica rápida, como si se quisiera captar un momento de inspiración. Beckmann está más interesado en plasmar las líneas básicas de la composición, que en representar minuciosamente los detalles. Hace un esbozo con sus característicos contornos gruesos de color negro, y posteriormente va aplicando las distintas capas de color. Su pintura muestra en esa época una cierta influencia francesa, fruto de sus constantes visitas a París. La decoración plana y esquemática del fondo y su manera de integrarse con la imagen de Quappi, nos remite a modelos de Matisse.

En las composiciones de Beckmann, el negro tiene un gran protagonismo. No sólo delimita los contornos, sino que también aparece en grandes áreas, como en la franja negra de la izquierda del cuadro que, con su acusada verticalidad, agudiza la verticalidad de la figura, al tiempo que su intenso negro atrae nuestra mirada a unas profundidades ambiguas y desconocidas.

Paloma Alarcó

 
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