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Biografía

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| BRAQUE, Georges
El mantel rosa, 1938
Óleo sobre lienzo 87,5 x 106 cm
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
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El tradicionalismo del período de entreguerras, unido a la serenidad que le produjo su madurez, despertó el espíritu clásico de Braque. Sin abandonar el lenguaje del cubismo, al que siempre fue fiel, el artista recuperó la tradición pictórica del clasicismo francés. Ese clasicismo contenido ya se anunciaba en un texto que escribió en 1917: "La nobleza nace de una emoción contenida. La emoción no debería traducirse en un temblor agitado; tampoco puede añadirse ni imitarse. Es la semilla, la obra es la flor. Amo la regla que corrige la emoción".
El mantel rosa, del Museo Thyssen-Bornemisza, pertenece a una serie de naturalezas muertas pintadas en la década de 1930 y expuestas en la galería de Paul Rosenberg de París en noviembre de 1938, en las que Braque logra alcanzar una monumentalidad propia de la pintura tradicional. Los objetos que componen el bodegón -menos fragmentados que en sus primeras obras cubistas y algunos de ellos incluso representados de forma casi naturalista- están dispuestos sobre una mesa en la que ha colocado un ondulante mantel rosa, que, al estar representado en paralelo al plano pictórico, acentúa la bidimensionalidad de la composición. El fondo organizado en bandas verticales, el papel pintado de formas geométricas y las molduras rectangulares del zócalo de madera, producen un juego de formas angulares que contrastan con la líneas suaves y sinuosas del mantel. Aunque Braque venía pintando bodegones desde su recuperación de las heridas que había recibido en la guerra de 1914, en estas naturalezas muertas del final de los años treinta, comienza a introducir referencias a la habitación donde se sitúa la composición. Aparece así un nuevo interés por la representación de interiores, que nos anuncia ya los Ateliers de los años cuarenta.
La obsesión de Braque por los aspectos táctiles y sensuales de la pintura, por la relación color materia, que consideraba indisoluble, hace que el color sea algo inseparable de su textura. Esto le lleva a preparar personalmente sus lienzos y a fabricar él mismo sus colores, mezclando distintos materiales con el óleo, para conseguir efectos de brillo, sequedad o rugosidad, según los casos. Por otra parte, en ocasiones imita en trompe l'oeil las calidades de los materiales, recuperando las técnicas del oficio de pintor decorador que le había enseñado su padre cuando era joven.
En El mantel rosa, como nos explica Christopher Green (1995), Georges Braque esparce libremente arena sobre una preparación blanca y sobre esta superficie rugosa aplica los colores. De esta forma, el artista consigue una fiel imitación de las texturas de los distintos objetos -el papel pintado del fondo, la madera del friso de la pared o el mantel- y consigue una verosimilitud en las calidades de las cosas, lo que nos da una sensación de aproximación a la realidad que se contrapone a la interpretación más intelectualizada de la sintetización cubista de las formas.
Green compara este cuadro con Naturaleza muerta con mandolina (The Art Institute of Chicago) en el que se repite el mismo tipo de diseño zigzagueante del papel pintado del fondo. Con la introducción de este motivo decorativo, Braque no sólo hace referencia al papel pintado que había tenido un protagonismo tan esencial en la invención del papier collé del cubismo, y que tantas consecuencias traería para el arte, sino que además realiza un juego irónico sobre la, quizás excesiva, influencia del cubismo en las artes decorativas, tras la Exposición Internacional de Artes Decorativas de 1925. Al reproducir ese diseño plano y dentado, está haciendo un guiño a la paradoja de cómo la moda había llegado a canonizar unos motivos inspirados en la revolución plástica de la vanguardia que el propio Braque había protagonizado.
Paloma Alarcó
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