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Museo Thyssen-Bornemisza
 
Obras
Hugo Erfurth con perro. DIX, Otto. Temple y óleo sobre tabla. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Museo Thyssen-Bornemisza. museo arte Madrid España
Ficha Hugo Erfurth con perro. DIX, Otto
Ficha
Descripción Hugo Erfurth con perro. DIX, Otto
Texto Catálogo
Biografía DIX, Otto
Biografía
Zoom Hugo Erfurth con perro. DIX, Otto
Zoom
DIX, Otto
Hugo Erfurth con perro, 1926
Temple y óleo sobre tabla
80 x 100 cm

Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid


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Otto Dix: Retrato de Hugo Erfurth. Técnicas y secretos >>
 
 
Dix fue uno de los máximos representantes de la Neue Sachlichkeit (nueva objetividad), movimiento clasicista que reunió en 1925 a un grupo heterogéneo de artistas alemanes con el interés común de romper con el expresionismo a través de una nueva figuración objetiva. Se inscribe dentro de la tendencia generalizada de vuelta al orden que se manifestó en Europa en los años veinte, promovida por los mismos artistas que habían sido pioneros del arte moderno en años anteriores. Dix se liberó de los fantasmas de la guerra que tanto le habían atormentado y, llevado por el convencimiento de que el arte ya no podía cambiar la sociedad, su tono crítico y sus planteamientos revolucionarios de su etapa dadaísta, se fueron plegando al gusto de la nueva burguesía, la misma que anteriormente había atacado. Entonces su exaltación de la imagen del hombre trajo consigo la recuperación del retrato, género que constituyó la aportación fundamental de Dix durante ese período.

El cuadro Hugo Erfurth con un perro fue realizado recién llegado el pintor a Berlín. Hugo Erfurth, a quien Dix ya había pintado el año anterior con un gran angular en sus manos, se había ganado cierta fama como fotógrafo de las clases acomodadas. Aquí Dix le muestra junto a su enorme perro y no con uno de los atributos propios de su oficio, con la intención de simbolizar el status que había alcanzado como fotógrafo. Como Erfurth, Dix también nos dejó una incomparable galería de retratos de la burguesía y de los intelectuales del Romanisches Cafe, centro de la bohemia cultural berlinesa. Sus pinturas de la bailarina Anita Berber, la periodista Sylvia von Harden, el marchante de arte abstracto Alfred Flechtheim o el poeta Ivar von Lücken son imágenes que han quedado fijadas para siempre en la memoria colectiva como retratos de una época.

Por otra parte, como escribe Vergo (1992), es importante constatar que el regreso de Dix a este género fue acompañado del intento de recuperación de las técnicas de los maestros renacentistas alemanes (Durero, Cranach y Baldung Grien), descritos en el libro de Max Doerner Los materiales de la pintura (1921), aspecto que le valió, del ingenio de Grosz, el mote de "Hans Baldung Dix".

A partir de 1925, Dix pinta casi siempre sobre tabla y, en ocasiones, incluso utiliza una técnica mixta de temple y óleo. La misma firma de Dix, en forma de serpiente enlazada a un arco y una flecha, es un homenaje a Cranach que firmaba con un pequeño dragón alado. Vergo nos detalla cómo al pintar este retrato Dix siguió metódicamente las instrucciones dadas por Doerner en su libro: primero realizó un boceto en papel a tamaño real (hoy en el Kupferstichkabinett, Staatliche Museen zu Berlin) en el que con lápiz y tiza blanca ya dejó resueltas las dos figuras; posteriormente, la imagen fue transferida a la tabla, que pintó cuidadosamente con una emulsión de temple; y, por último, los acabados fueron añadidos con una veladura de óleo.

Tanto en este retrato, de 1926, como en el anterior de 1925, así como en los dibujos preparatorios de ambos, Dix se fija de forma especial en el tratamiento del rostro y de las manos y consigue un gran parecido físico y una representación pormenorizada de los detalles más insignificantes. Mientras que en la primera obra, Erfurth había sido representado de frente, en ésta aparece de tres cuartos sentado en una butaca junto a su perro pastor alemán. El animal está en posición de alerta con las orejas bien estiradas y la enorme lengua fuera, en contraste con su dueño, que posa en una actitud más tranquila, y cuya inmovilidad y ensimismamiento le dan un aspecto muy estático. La impresión de imagen congelada la consigue Dix a través de la concentración en el hecho objetivo, intensificándolo con la representación hiperrealista de los detalles, que, con inusitada precisión, nos desnudan al retratado más allá de las apariencias.

Paloma Alarcó

 
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