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Museo Thyssen-Bornemisza
 
Obras
Pintura con tres manchas. KANDINSKY, Wassily. Óleo sobre lienzo. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Museo Thyssen-Bornemisza. museo arte Madrid España
Ficha Pintura con tres manchas. KANDINSKY, Wassily
Ficha
Descripción Pintura con tres manchas. KANDINSKY, Wassily
Texto Catálogo
Biografía KANDINSKY, Wassily
Biografía
Zoom Pintura con tres manchas. KANDINSKY, Wassily
Zoom
KANDINSKY, Wassily
Pintura con tres manchas, 1914
Óleo sobre lienzo
121 x 111 cm

Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid


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"El hombre que dentro de sí no lleva la música,
y al que la armonía de los sonidos no conmueve,
es proclive a la traición, al hurto, a la perfidia;
oscura como la noche es su inteligencia,
oscuro como el Erebo es su pensamiento.
¡Desconfía de este hombre! ¡Escucha la música!"

El hecho de que Kandinsky encabezara con estos versos de Shakespeare uno de los capítulos de su ensayo De lo espiritual en el arte, pone de relieve la importancia que daba a la afinidad entre música y pintura. El pintor ruso comparaba el color con la música en su posibilidad de evocar ciertas respuestas emocionales, incluso si los colores no estaban asociados a unas formas determinadas.

Kandinsky, líder del grupo expresionista de Múnich Der Blaue Reiter (El Jinete Azul), atribuía al arte una función mística. Las formas para Kandinsky no debían estar condicionadas por las apariencias exteriores de las cosas sino por una fuerza interior, por esa necesidad que le hace al artista crear: "La forma es la expresión exterior de un contenido interior". A través de esa fuerza interior, el pintor quiere suscitar emociones en el espectador que vayan más allá de las simples sensaciones y le liberen del materialismo de la vida moderna: "El elemento interno, tomado aisladamente, es la emoción del alma del artista. Esta emoción tiene la capacidad de provocar otra emoción, en el fondo similar, en el alma del espectador".

Pintura con tres manchas, el número 196 en la lista que de su obra elaboró Kandinsky y el número 490 en el catálogo razonado del artista (Roethel Benjamin, 1987), fue pintada en Múnich en la primera mitad de 1914, antes de su regreso a Moscú a finales de ese año, en el momento en que sus experimentaciones pictóricas y teóricas habían llevado al artista ruso a las puertas de la abstracción pura. En el cuadro, una serie de formas fluctuantes superpuestas de intensos colores ocupan todo el espacio pictórico. En el centro, tres manchas ovoides, más compactas, de colores planos azul, verde y rojo, enfatizan la simbología divina del número tres.

Aunque en esta obra Kandinsky se ha liberado totalmente de toda referencia al mundo de las apariencias, como apunta Peter Vergo (1992), existe un dibujo preparatorio a tinta (Lenbachhaus, Múnich) en el que se pueden apreciar ciertas referencias a formas visibles. Dos pequeñas barcas con gente, abajo a la izquierda, junto a una zona de olas, que podían aludir a algún cataclismo o algún tema apocalíptico; unas líneas verticales  a la derecha, que podían ser figuras esquematizadas, y una forma circular sobre la que Kandinsky ha escrito "Kr." (Krasnoe, rojo en ruso) que podía ser una representación del sol y que Kandinsky ha eliminado en el óleo.

Esta obra se ha relacionado con el conjunto de Paneles Campbell (también de 1914), cuatro pinturas encargadas a Kandinsky por el empresario americano Edwin R. Campbell para su casa de Nueva York, tras haber contemplado las pinturas del artista en el Armory Show de 1913. Estas obras, hoy en The Museum of Modern Art de Nueva York, fueron numeradas por Kandinsky en su lista con los números 198 a 201, casi a continuación de la obra del Museo Thyssen Bornemisza. Por el hecho de ser cuatro y por los cambios de tonalidades entre una y otra, Kenneth Lindsay las consideró como la representación de las cuatro estaciones del año. En cualquier caso, tanto los Paneles Campbell como Pintura con tres manchas, deben ser interpretadas, a la luz de las creencias de Kandinsky, como símbolos de una aspiración espiritual. Bajo esta óptica, la combinación de ritmos de formas y colores abstractos que contemplamos, no es otra cosa que la plasmación plástica de la creación del cosmos.

Paloma Alarcó

 
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