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| KIRCHNER, Ernst Ludwig
Fränzi ante una silla tallada, 1910
Óleo sobre lienzo 71 x 49,5 cm
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
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Una esquematizada figura de Fränzi servía de portada al catálogo de la exposición del grupo Die Brücke en la Galería Arnold, celebrada en 1910. Se trataba de una xilografía que Heckel había realizado siguiendo una obra de Kirchner. La utilización de esta niña modelo como imagen de la primera exposición importante del grupo y su constante aparición en numerosas obras de estos jóvenes artistas alemanes, entre 1909 y 1911, hacen de ella un verdadero emblema del arte expresionista del período de Dresde.
Fränzi ante una silla tallada es la más potente de todas las representaciones de esta muchacha y una de las obras más sugestivas de toda la producción artística de Kirchner. Se trata de un retrato de medio cuerpo en el que el artista se aleja de los modelos tradicionales del género y nos ofrece una representación subjetiva de la retratada. Fränzi, una niña de alrededor de doce años en el momento de posar, pertenecía al grupo de jovencitas del barrio obrero de Friedrichstadt que frecuentaban al grupo expresionista y les hacían de modelos. Se la suele vincular con Marcella, otra modelo que también aparece con frecuencia en las obras de esos años, que a veces es mencionada como su hermana y otras como una amiga. Fränzi está recién peinada, se ha vestido para la ocasión con un traje estampado y lleva un enorme collar de cuentas azules. La modelo descansa sobre el respaldo de una silla toscamente tallada (seguramente por el propio Kirchner), que a modo de sombra fantasmagórica, como si de un segundo yo se tratara, adopta silueta de mujer. Al contrario que Fränzi, la figura aparece desnuda, cargada de erotismo y representada, de forma intencionada, de color carne muy natural.
Nuestra atención se centra de inmediato en la cara de la niña, en la forma como nos mira fijamente a los ojos. Se trata de la parte del cuerpo más elaborada, pintada de forma antinaturalista en color verde amarillento, con algunos toques rosas o azules y con pinceladas más gruesas que en el resto del cuadro. Resultan especialmente llamativos sus voluminosos labios, ligeramente entreabiertos y pintados en un color rojo intenso, que hacen que la totalidad del retrato se convierta en símbolo de la sexualidad que despierta.
La simplificación formal, la deformación expresionista y el uso arbitrario del color son propios del estilo pictórico de Die Brücke. La aplicación del color con pinceladas gruesas formando grandes superficies, delimitadas por líneas negras o por zonas de lienzo sin cubrir para acentuar la bidimensionalidad de la composición, hacen evidente -como ha señalado Magdalena Moeller (1996)- la huella de Matisse. Por otra parte, la frontalidad de la figura nos remite a modelos pictóricos de Munch, Van Gogh y, sobre todo, de Gauguin.
También se percibe en este retrato la influencia del arte primitivo que Kirchner contemplaba en el Museo Etnográfico de Dresde. Cercana al arte tribal es también la decoración del estudio de Kirchner, que el retrato tiene como fondo. El mural, realizado por el propio artista con unos desnudos femeninos muy esquematizados sobre un fondo verde intenso, es frecuente en otras obras suyas. También podemos vislumbrarlo en una fotografía que el propio Kirchner hizo de Fränzi junto a un muchacho en su estudio de Dresde, en la que la joven aparecía repantigada sobre unos almohadones tirados en el suelo y una mirada bastante provocativa. La simbología sexual y el erotismo hedonista que transmiten muchas de las obras de Kirchner -no sólo Fränzi- pueden ponerse en relación con la defensa de Nietzsche del arte como forma de sublimación sexual.
Paloma Alarcó
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