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Biografía

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| KLEE, Paul
Casa giratoria, 1921
Gouache sobre estopilla adherida a papel 37,7 x 52,2 cm
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
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Klee es reconocido como uno de los grandes creadores y teóricos del siglo XX. Su talento y originalidad son tan personales que no se le puede asignar a ninguna tendencia clara, ni a ninguna escuela determinada. Por otra parte, sus persistentes cambios de estilo, técnica y temática indican una deliberada evasión de cualquier corriente artística. Durante su juventud estuvo próximo al clima intelectual del expresionismo alemán, incluso participó en algunas de las exposiciones del grupo Der Blaue Reiter, pero Klee no es un expresionista; su arte irracional fue aclamado tanto por los dadaístas como por los surrealistas, pero su mundo mágico no tenía nada de onírico; se aproximó en algunos momentos a la abstracción geométrica, en especial en sus años de profesor de la Bauhaus, pero su temperamento y su espontaneidad creadora le prevenían de cualquier forma de pura geometrización o constructivismo; se le ha considerado como uno de los pioneros de la abstracción, pero su obra no es en absoluto abstracta y siempre estuvo en constante "diálogo con la naturaleza".
La Casa giratoria del Museo Thyssen-Bornemisza fue pintada durante el primer año de estancia de Klee en la Bauhaus, donde, entre 1921 y 1931, ejerció como profesor. En esos años, contagiado por el ambiente constructivo de la escuela, su obra tiende a una mayor geometrización. En el cuadro que nos ocupa, el artista rinde homenaje a las formas constructivas y aborda una vez más el tema de la ciudad, uno de sus temas preferidos. Klee ve la ciudad como un lugar donde se imponen la ley y el orden, donde la naturaleza es modificada por el hombre. En una primera mirada, vemos una imagen conscientemente ingenua, cercana al arte infantil, en la que las formas arquitectónicas han sido reducidas a sus elementos esenciales. Como normalmente tendemos a considerar la arquitectura como algo estático, estable y constructivo, nos sorprende cómo Klee introduce un elemento dinámico en la concepción geométrica de las casas y hace que giren alrededor de un centro, como si imitaran la rotación de una rueda. Sus arquitecturas no son estáticas sino vivas; no son estables sino inestables; no son constructivas sino intuitivas. Por otra parte, Klee, en su persistente rechazo de la perspectiva tradicional, suprime el punto de vista único y, como en otras muchas obras, utiliza una multiplicidad de puntos de vista, que hacen que la imagen encierre numerosas ambigüedades visuales.
Según explica Peter Vergo (1992), Klee, en su constante afán de experimentación, se vale de técnicas artísticas poco convencionales. Sobre el soporte de papel ha adherido una fina tela de gasa (de las que se utilizan para envolver el queso), colocada de una forma un tanto suelta para dar un efecto de tridimensionalidad, que se refuerza por los bordes irregulares de la tela. Sobre ella aplica los colores al gouache en finas capas de una forma libre e irregular, sin cubrir toda la superficie. La trama de la tela queda a la vista en algunas partes del cuadro y en otras, al absorber la pintura, crea un efecto intencionado de textura que, con la utilización de una gama de colores terrosos, adquiere calidades de arena y cemento. Así, llevado por el deseo de relacionar el tema pintado con la técnica empleada y explorar la naturaleza de las apariencias, Klee consigue reproducir pictóricamente los materiales con los que estarían construidas esas casas en la realidad. No hay que olvidar que para Klee "el arte es como una metáfora de la creación" y sustituye la tradicional aspiración artística de imitar la naturaleza, por el intento de explicar la forma de operar la naturaleza: "Así como un niño nos imita en su juego, así también nosotros imitamos en el juego del arte a las fuerzas que han creado y siguen creando el mundo".
Paloma Alarcó
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