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Museo Thyssen-Bornemisza
 
Obras
Cristo y la Samaritana. DUCCIO DI BUONINSEGNA. Temple y oro sobre tabla. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Museo Thyssen-Bornemisza. museo arte Madrid España
Ficha Cristo y la Samaritana. DUCCIO DI BUONINSEGNA
Ficha
Descripción Cristo y la Samaritana. DUCCIO DI BUONINSEGNA
Texto Catálogo
Biografía DUCCIO DI BUONINSEGNA
Biografía
Zoom Cristo y la Samaritana. DUCCIO DI BUONINSEGNA
Zoom
DUCCIO DI BUONINSEGNA
Cristo y la Samaritana, 1310-1311
Temple y oro sobre tabla
43,5 x 46 cm

Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid


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A lo largo de los siglos XIV y XV, la pintura italiana sufrió una transformación gradual que la llevó a alejarse de los postulados bizantinos para adentrarse y explorar otras fórmulas de figuración que llegarían a su culminación a principios del siglo XVI. Parte de esta transformación se debe a dos figuras que trabajaron en la Toscana: Giotto, en Florencia y Duccio, en Siena. Ambos rompieron con los esquematismos y limitaciones formalistas de la pintura bizantina abriendo paso a una nueva época. El cambio revolucionario operado por estos artistas en conjuntos como las capillas Bardi y Peruzzi de Giotto en Santa Croce, Florencia, o la Maestà de Duccio en el Duomo de Siena, descubrió las vías para asentar un proceso que estuvo, desde entonces, en continua evolución.

Dotar a las composiciones de un sentido narrativo, situar los distintos elementos que constituían esta composición en espacios que resultasen reales, así como una vuelta a la imitación de la naturaleza como fuente de inspiración, fueron las novedades que estos pintores consiguieron introducir y transmitir modificando con ello las bases en las que se asentaba la pintura.

Cristo y la Samaritana, una de las tablas que formó parte, en su cara posterior, de la predela del conjunto monumental de la Maestà, contiene algunas de estas innovaciones. Duccio, valiéndose de la arquitectura y de unas rocas, elementos estos entre los que encuadra la escena, se esfuerza por narrar un episodio recogido en el Evangelio de san Juan. Este pasaje, según el Nuevo Testamento, tiene lugar en la ciudad de Samaria llamada Sicar, representada a la derecha. Por su puerta asoman, agolpándose, cinco de los discípulos con las provisiones en sus ropas. Jesús, sentado en el pozo de Jacob, habla con la Samaritana, diálogo que Duccio interpreta mediante el juego gestual de las manos. En la pintura observamos una detallada puesta en escena del relato y el empeño por situarlo en un fondo que empieza a tener profundidad espacial: el pozo con sus escalones, la representación de Sicar, el camino empedrado que conduce desde la ciudad al pozo, o la posición del cántaro en la cabeza de la Samaritana han roto los lazos formalistas bizantinos. En esta composición sencilla, pero efectiva, las figuras, elegantes y refinadas, mantienen una relación con su entorno a la vez que adquieren peso y volumen. En cuanto al oro, que sigue sirviendo de fondo, se extiende, pero ya con un carácter decorativo, a la túnica y manto de Cristo perfilando las telas. La modulación de los tonos y la combinación elegante de los colores tienen en la obra de Duccio una marca personal. Sus figuras, realizadas con una contraposición delicada de luces y sombras, brillos y tonos saturados, nos introducen en unas variaciones cromáticas nuevas. Basta mirar la estilizada figura de la Samaritana o la gama de colores seleccionada en las arquitecturas para percibir los cambios efectuados por el pintor, cambios que Simone Martini fijará y difundirá en el Trecento.

Mar Borobia

 
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