imprimir Mujer con mandolina. BRAQUE, Georges imprimir

BRAQUE, Georges
Mujer con mandolina, 1910
Óleo sobre lienzo
80,5 x 54 cm

Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

El cubismo, que nació del esfuerzo común de Braque y Picasso al final de la primera década del siglo XX, supuso un cambio fundamental en la historia del arte. Según uno de sus principales testigos, el marchante de los cubistas Daniel H. Kahnweiler, "lo que estaba sucediendo entonces en el campo de las artes plásticas sólo se puede comprender si se tiene en mente que estábamos asistiendo al nacimiento de una nueva época, en la cual el hombre (toda la humanidad, de hecho) estaba sufriendo la transformación más radical que se conoce en la historia".

En efecto, esta revolución que, al dar por finalizado el arte como espejo y representación de la naturaleza, acabó con todas las normas artísticas que prevalecían inalterables desde el renacimiento, abrió una nueva era de libertad creativa que llega hasta nuestros días. Tomando a Cézanne como punto de partida, Braque y Picasso crearon una nueva relación entre volumen y espacio, intentando, en palabras de Apollinaire, "pintar composiciones nuevas con elementos extraídos no de la realidad de la visión, sino de la realidad del conocimiento".

Mujer con mandolina fue pintada por Braque en la primavera de 1910, durante la primera fase cubista, denominada analítica. En este cuadro el artista vuelve a la figura humana, tras dos años de dedicación exclusiva al paisaje y a la naturaleza muerta. Este retorno a la figura estuvo quizás motivado por la impresión que le había producido la contemplación de veinticuatro cuadros de Corot, expuestos en el Salón de Otoño de 1909. Aquellas mujeres sentadas con instrumentos musicales en sus manos y actitud melancólica impresionaron tanto a Braque como a Picasso y su huella puede apreciarse en sus respectivas obras durante unos años. Corot les enseñó cómo la introducción de un instrumento musical dotaba a la figura de una quietud propia de las naturalezas muertas. Por otra parte, los instrumentos musicales combinaban las posibilidades alegóricas y plásticas del tema, tradicional en la pintura barroca, con la gran pasión de Braque por la música.

Ambos artistas respondieron rápidamente a los estímulos del maestro del siglo XIX, y a comienzos de 1910 Braque pintó esta Mujer con mandolina, de formato rectangular, y otra oval (Bayerische Staatsgemäldesammlungen, Múnich), que sería el primer cuadro cubista con forma ovalada. Picasso, casi simultáneamente, pintó una Mujer con mandolina, rectangular, y otra Mujer con mandolina (Fanny Tellier), ovalada. Como apunta Christopher Green (1995), con estas obras, el formato oval -propio de la pintura decorativa del siglo XVIII- entra de lleno en el cubismo.

En la Mujer con mandolina del Museo Thyssen-Bornemisza, la figura, como ocurría con los objetos de las naturalezas muertas del año anterior, se disuelve en sus distintos componentes, que se vuelven a juntar dentro de un nuevo orden. En esta fase de fragmentación de la forma, los colores se reducen a los mínimos (ocres, grises y marrones), aunque con esa paleta tan reducida Braque logra una gran cantidad de efectos pictóricos, gracias a una técnica divisionista de pinceladas pequeñas. Fondo y figura se funden en un entramado de líneas verticales y horizontales, en una superficie espacial continua integrada por pequeños planos interrelacionados entre sí. Existen algunos fragmentos reconocibles, como la mandolina o la mano que la sujeta, en cambio, hay otros elementos, como la cabeza y los hombros, que están tan integrados en el plano del fondo que son difícilmente discernibles. Ahora bien, este realismo, que podíamos llamar conceptual, no pretendía destruir la forma sino reforzarla en su autonomía pictórica. Como escribió Braque en 1917, "la meta no es estar preocupado por la reconstitución de un hecho anecdótico, sino la constitución de un hecho pictórico".

Paloma Alarcó