GOGH, Vincent van "Les Vessenots" en Auvers,
1890
Óleo sobre lienzo 55 x 65 cm
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Van Gogh pasó el final de su vida en Auvers-sur-Oise, un pueblo al norte de París donde se habían dirigido antes que él otros artistas, como Daubigny o Cézanne y donde además vivía el doctor Gachet, el médico y coleccionista de obras de arte a quien Theo van Gogh había encargado el cuidado de la salud de su hermano Vincent. En los poco más de dos meses que allí vivió antes de su suicidio, Van Gogh desarrolló, con una recuperada energía, una frenética etapa creadora.
Durante esas últimas semanas de vida, pintó algunos retratos y numerosos paisajes entre los que se encuentra éste de "Les Vessenots", la zona de Auvers en la que vivía el doctor Gachet, que fue además el primer propietario del cuadro. Se trata de un ejemplo característico de su lenguaje pictórico del final de su vida, en el que el artista combina unas composiciones esquematizadas, una paleta reducida, de luminosos verdes y amarillos, y unas pinceladas agitadas y nerviosas, que siguen un ritmo ondulante y repetitivo.
En un paisaje de horizonte elevado, se agrupan una serie de viejas casas de la campiña, algunas con tejados de paja, junto a unos extensos campos de trigo y algunos ondulantes árboles.
Aunque siempre pintaba frente al motivo, el cuadro nos muestra una visión muy personal del paisaje. Van Gogh transforma lo que ve en algo profundamente personal, manifestando de forma visual aquello que le sugiere lo que está mirando. Los fértiles prados de los alrededores de Auvers le producían sentimientos enfrentados; la sensación de libertad que tenía frente a esos amplios sembrados, se contraponía a la melancolía y la sensación de soledad que le producían los campos de trigo.
Abrumado por contradictorias sensaciones y en medio de una recaída de su fuerte depresión, Van Gogh terminó su azarosa existencia trágicamente. En la mañana del 27 de julio de 1890, provisto de sus bártulos de pintor, como cualquier otro día, se dirigió a uno de los campos, que repetidamente había pintado en las últimas semanas, y se disparó un tiro. Murió solo y atormentado, aunque, como leemos en la última carta que escribió a su hermano, mantuvo hasta el final un atisbo de esperanza en su obra: "La verdad es que sólo podemos hacer que sean nuestros cuadros los que hablen".