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GRIS, Juan
El fumador, 1913
Óleo sobre lienzo
73 x 54 cm

Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Cuando Juan Gris se dio a conocer como pintor en el Salon des Indépendents de 1912, su obra ya era plenamente cubista y estaba dotada de esa reflexión intelectual que marcará toda su pintura.

El fumador, el número 51 del catálogo razonado de Douglas Cooper (1977), fue pintada en Céret en septiembre de 1913. La manera en que la cabeza se fragmenta y se descompone en sus diferentes partes en forma de abanico, atendiendo a un orden geométrico, responde -según apunta Christopher Green (1995)- a la influencia directa de las últimas obras de Picasso, en especial sus Cabezas pintadas también en Céret, en la primavera de 1913. El cubismo de Picasso y Braque había tomado entonces una nueva dirección más conceptual y sintética y sus composiciones, en las que habían empezado a incorporar el papier collé, se habían hecho más sencillas y planas. Gris estuvo en esta localidad del Pirineo francés -"La Meca del cubismo", como la llamaba Kahnweiler- desde principios de agosto hasta finales de octubre, por lo que coincidió durante unos días con Picasso, su compatriota y vecino del Bateau Lavoir, a quien Gris llamaba "maestro".

Gracias a un dibujo preparatorio de El fumador (Colección Jacques y Natascha Gelmann) en el que se lee la dedicatoria "A mon cher ami Frank Haviland. Bien afectueusement. Juan Gris", se baraja la hipótesis de que esta obra sea un retrato de Frank Haviland, un rico americano, amigo de Leo y Gertrude Stein, que acababa de restaurar un monasterio en Céret, donde guardaba su importante colección de arte africano. Haviland, descendiente de David Haviland fundador de una fábrica de porcelana en Limoges en el siglo XIX, fue además un gran protector de los jóvenes artistas de París y él mismo había pintado alguna obra bajo el nombre de Frank Burty. En este dibujo de formato casi similar al óleo, Gris dejó prácticamente definidas las líneas básicas de la composición. Tanto en el dibujo como en el óleo, se destacan una serie de elementos caracterizadores del personaje, como el cuello duro de la camisa, la corbata de lazo o el sombrero de copa; el mismo atuendo que Haviland llevaba en una fotografía que Picasso le hizo en su estudio de París en 1910.

La dominante oblicua de la parte superior, que recuerda a las Cabezas de Picasso, contrasta con la solidez y frontalidad de la parte inferior, en la que los hombros y el cuello dan una gran estabilidad a la composición. Para sugerir profundidad, Gris presenta la figura desde distintos puntos de vista, lo que hace que algunas de sus partes sean difíciles de reconocer. La nota discordante de este estudiado orden geométrico, la ofrece la línea sinuosa del humo del cigarro a la que los distintos fragmentos del cuadro hacen cambiar de color. Por otra parte, las referencias esquematizadas de la nariz, la oreja y la barbilla, cercanas a la caricatura, tienen cierta similitud a los rasgos lineales de las Cabezas de Picasso, aunque también nos hacen recordar los comienzos de Juan Gris como ilustrador gráfico. Ahora bien, lo que distingue la obra de Gris de la de Picasso es sin duda la incorporación del color. Los planos de color verdes, azules, naranjas o rojos, ausentes en las obras de Picasso y Braque de ese momento, dan a la obra de Gris una especial originalidad.

Paloma Alarcó