imprimir La fábrica de ladrillos, Dangast. HECKEL, Erich imprimir

HECKEL, Erich
La fábrica de ladrillos, Dangast, 1907
Óleo sobre lienzo
68 x 86 cm

Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

La presentación al público parisino de la obra de André Derain y de sus compañeros fauves en el Salón de Otoño de 1905, coincide con la creación en Dresde de Die Brücke (El puente), el primer grupo expresionista alemán del siglo XX. Ambas manifestaciones surgían con una misma actitud crítica de rechazo del arte del pasado y un mismo espíritu de rebeldía contra el impresionismo. Bajo una común influencia de la obra de Van Gogh, compartían una nueva concepción de la forma y el color, valores que a partir de entonces se ponían al servicio de la expresividad. Ahora bien, mientras que con esta deformación subjetiva los jóvenes "salvajes" franceses sólo intentaban encontrar un nuevo lenguaje pictórico, en Alemania este nuevo espíritu artístico entroncaba con la teoría, tan germánica, del arte como expresión emocional.

Entre las aspiraciones del recién creado grupo expresionista estaba intentar tender un "puente" entre el hombre y la naturaleza, entre la vida y el arte, bajo la influencia de la filosofía vitalista de Nietzsche. Por otra parte, la alienación del hombre moderno y su desarraigo de su tierra natal, propicia el mito de una armonía primigenia entre el hombre y la naturaleza, mito que llevó a los jóvenes componentes del grupo a abandonar frecuentemente sus estudios de Dresde para trasladarse a pequeñas y remotas localidades del campo en busca de un mayor contacto con la naturaleza. Así fue como durante el verano de 1907, Erich Heckel y Karl Schmidt Rottluff emprendieron su primer viaje hacia el mar del Norte en busca de nuevos temas para su pintura.

La pequeña localidad de Dangast, en la provincia de Oldenburg, en la costa norte de Alemania, fue el paraíso que encontraron al azar, donde ambos artistas dieron rienda suelta a sus instintos creadores. Allí vivieron una prolífica temporada fascinados por la variedad del paisaje, la rusticidad de la arquitectura y la cambiante atmósfera. En los alrededores de Dangast había numerosas fábricas de ladrillos cuyas altas chimeneas y sus tejados de tejas rojas destacaban en medio del paisaje rural. Según vemos en una fotografía publicada por Peter Vergo (1992), todavía queda en pie alguna de ellas. Heckel pintó la fábrica de ladrillos que vemos en este lienzo en 1907 y la repitió al año siguiente, tomándola desde distinto ángulo, lo que da muestra del interés que suscitó en él esta edificación.

En esta primera versión, los colores estridentes y antinaturales, y las pinceladas gruesas y táctiles, son prueba de la fuerte influencia de Van Gogh. Como escribe Donald Gordon (1987), el impacto de una exposición de obras de este artista en la Galería Arnold de Dresde, en noviembre de 1905, fue definitiva para la consolidación del estilo expresionista del primer período de Die Brücke. Los jóvenes alemanes descubrieron en el pintor holandés la vía de escape del impresionismo y una respuesta subjetiva al positivismo y al naturalismo imperante.

En esta obra Heckel ha suprimido completamente los contornos y la forma está creada principalmente a través del color. La estructura del cuadro está dominada por la fuerte línea transversal que forman las edificaciones de la fábrica, sólo alterada por la fuerte vertical de la larga chimenea roja. Las pinceladas pequeñas y gruesas han sido aplicadas con gran espontaneidad y con un cierto movimiento que acentúa la expresividad de la composición. Es evidente que Heckel reinterpreta las ordenadas pinceladas de Van Gogh -aplicadas con un cierto sistema que creaba un efecto de orden, incluso una especie de divisionismo científico- y utiliza una factura más desordenada y errática. Para los expresionistas, Van Gogh no dejaba de ser un pintor de espíritu francés, preocupado por conseguir en la superficie pictórica un cierto orden y equilibrio. Los jóvenes expresionistas rechazaron los aspectos estructurales de su obra y sólo adoptaron los elementos expresivos de su lenguaje, que les abrirían un nuevo camino para la consolidación de su estilo de madurez.

Paloma Alarcó