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Este Retrato de una dama procede de la colección del conde Dumoulin Eckart (Berlín), en la que estuvo hasta 1933. Adquirido en el mercado de arte, ha formado parte de la Colección Thyssen-Bornemisza desde 1935. Es el único retrato femenino que se conserva de Baldung Grien, aunque se tiene noticia de otros dos por referencias literarias y antiguas reproducciones. Se encuentra firmado con las iniciales del artista, que forman un monograma en el ángulo superior izquierdo; junto a éste aparece la fecha, de la que sólo se leen los tres primeros números.
Este enigmático retrato refleja la influencia sobre Baldung de otro gran artista del renacimiento alemán de temperamento también muy personal: Lucas Cranach el Viejo. En realidad esta influencia es tan notoria que cabría hablar mejor de dependencia directa de los modelos de Cranach. Este hecho, señalado por Koch en 1951, llevó a comparar nuestro retrato con la Salomé de Cranach, conservada en el Szépmüvészeti Múzeum de Budapest y fechada hacia los mismos años. En 1991 Lübbeke lo confrontó con otro óleo de Cranach, también de 1530, Judith del Jagdschloss Grünewald (Berlín). Los paralelismos entre nuestro cuadro y esta Judith son evidentes tanto en el encuadre que elige Baldung Grien como en la indumentaria. De hecho una serie de elementos de la Judith de Cranach, como el sombrero con plumas, la cadena y gargantilla que adornan su cuello o el tocado de hilos de perlas que recoge su cabello, se repiten, con algunas modificaciones, en este retrato de Baldung. Estas similitudes se ven reforzadas por la manera en que se presenta el personaje, de medio cuerpo y con un leve giro de la cabeza hacia el frente.
Junto a la dependencia de modelos de Cranach patentes en este retrato, Lübbeke ha mencionado también semejanzas con el flamenco Jan Gossaert, en lo que se refiere a la composición, y con la pintura neerlandesa que sería, según esta historiadora, tal vez, la explicación del modelado suave con que se ha elaborado el rostro. Nuestra figura se ha construido con una gama cromática muy limitada donde predominan los anaranjados, empleados para el tocado del cabello, los adornos de orfebrería y brocados del traje, y el verde, casi negro, utilizado en los terciopelos del sombrero y del vestido. Junto a ellos destaca el tono blanquecino del rostro, con levísimas sombras en las sienes y en sus perfiles y, cuya blancura apenas contrasta con el blanco de las perlas que luce en el cuello.
Los intentos para identificar a esta mujer no han sido fructíferos. Durante mucho tiempo la obra fue considerada como un retrato de bodas de una de las princesas de la casa Baden Durlach, pero esta identificación ha sido rechazada por motivos cronológicos e históricos. Actualmente se tiende a pensar que, más que ante el retrato de un personaje concreto, nos hallamos ante la imagen de un ideal o ante la personificación de un motivo cuya interpretación, por el momento, se nos escapa.
Mar Borobia
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