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Durante el siglo XVI, la pintura en los Países Bajos sufrió una transformación en el curso de la cual se fueron abandonando los esquemas piadosos e intimistas de los primitivos flamencos cuya estética había llenado brillantemente el siglo XV. Al igual que otros centros artísticos, Flandes importó, en esta centuria, patrones renacentistas italianos y la pintura fue incorporando gradualmente motivos de la nueva corriente estética. Dentro de este panorama, hubo artistas que lograron conciliar las aportaciones italianas con sus esquemas tradicionales, mientras que otros, al añadir a sus obras lo más epidérmico del nuevo estilo, dieron lugar a una corriente original.
Heemskerck trabajó con Jan Scorel, pintor que había visitado Italia y estudiado la obra de Rafael, Miguel Ángel y los venecianos. El influjo de su maestro sobre Heemskerck fue profundo en esa etapa, lo que explica que nuestra pintura estuviera en un principio atribuida a Scorel (fue en 1941 cuando Jonge la asignó correctamente a su autor). Fechada generalmente hacia 1531, antes del viaje del pintor a Italia, el óleo ha sido comparado con el de Anna Codde, en el Rijksmuseum de Amsterdam, datado en 1529 y en el que Heemskerck figuró también a su retratada hilando en un interior. En esta tabla el artista situó en primer plano una delicada y artística rueca en cuyo manejo está atareada la mujer. El entorno es un sobrio interior de paredes desnudas, donde cuelga, al fondo, un cestillo de labor en el que asoman unas tijeras, y a la izquierda una devanadera de madejas.
Se ha pensado que la pintura pudo formar pareja con una segunda tabla en la que estaría representado el esposo de la dama siguiendo el mismo modelo que el artista estableció para su célebre retrato de Anna Codde, que tiene como pareja el de su marido, Peter Bicker. El hecho de que se haya representado a la mujer trabajando en un interior doméstico como una virtuosa ama de casa se ha relacionado con el proverbio titulado "Elogio de la mujer fuerte" (31, 13 19), en el que se ensalzan las virtudes de la buena esposa. La imagen de la mujer con su rueca hilando fue una referencia recurrente en el arte holandés para resaltar la honestidad y castidad de las esposas frente a las tentaciones. Es en esta línea en la que hay que interpretar un grabado del Musée du Louvre en el que un niño, sentado en el suelo, ofrece una manzana, símbolo del pecado original, a una dama concentrada en una rueca que no le presta ninguna atención. Más evidente resulta esta simbología en el cuadro de Pieter Pietersz del Rijksmuseum de Amsterdam en el que una muchacha, con el huso y la devanadera, hace caso omiso del joven sentado a su lado que intenta seducirla ofreciéndole una jarra de vino.
Se ha intentado identificar al personaje con la mujer de Pieter Jan Foppeszoon, miembro del Concejo de Haarlem, que está representada en un retrato familiar con su marido y sus hijos, pero la propuesta no ha tenido éxito. El escudo que aparece al fondo a la derecha, así como la elegante y cuidada indumentaria de la dama con delicados detalles como los botones, el cuello de la camisa y los remates de los cordones en la cintura, han llevado a pensar que podría tratase de un miembro de las hacendadas familias Van Dordt, Van Voerst o Van Voorst.
Mar Borobia
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