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Nicolaes Maes completó su formación artística en el taller de Rembrandt y durante sus primeros años de actividad profesional como maestro, hasta mediados de la década de 1650, cultivó las escenas de interiores. Después se dedicó casi exclusivamente al retrato, género en el que alcanzó fama dada su habilidad para captar el parecido de sus clientes. El Museo Thyssen-Bornemisza posee una pareja de bustos, fechados a finales de 1660, que ilustran perfectamente esta faceta de su producción.
En sus espacios domésticos, tratados en un tono intimista, Maes incorpora, a diferencia de Hooch o de Vermeer, detalles anecdóticos que animan la escena. Es el caso de este Tamborilero desobediente, al que la madre ha tenido que regañar, incluso amenazándole con unas varas, para evitar que el ruido de su tambor despierte al bebé que duerme en la cuna. La escena tiene lugar en la planta alta de la casa junto a una ventana. La luz uniforme que penetra por los cristales invade la estancia produciendo un ambiente placentero. La mujer cosiendo, sentada al lado de un vano, es una imagen recurrente en la pintura holandesa de interiores. El cuadro está fechado en los años en que Maes, tras abandonar Amsterdam a finales de 1653, aparece instalado en su ciudad natal, Dordrecht. Esta obra muestra rasgos característicos de su estilo, como las gamas calientes de rojos y anaranjados que utiliza en las ropas de la mujer y para el tapete de la mesa, y una clara complacencia en describir la calidad de determinados materiales como la madera y, sobre todo, el mimbre de la cuna y el cesto. También son típicos de sus cuadros de género los gestos y las poses de los que se vale para la narración de este pequeño acontecimiento casero y los perfiles difusos de las figuras, que ayudan a crear una atmósfera de tranquilidad.
El lienzo, que perteneció a la colección de los príncipes de Orange, fue descrito, en 1819, por el escocés sir John Murray en la residencia de los príncipes en La Haya. Entonces era llamado La familia del artista debido a que en la imagen que se refleja en el espejo colgado en el muro se reconoció al pintor (identificado a partir del autorretrato que se guarda en Dordrecht). A partir de entonces se pensó que la mujer sería su esposa, Adriana Brouwers, el tamborilero, el hijo del anterior matrimonio de Adriana, y la niña de la cuna, Johanna, hija del artista y de Adriana. Con esta interpretación, la tela encaja en lo estilístico e histórico con la fecha en la que se ha inscrito. Sin embargo, a esta pintura se le han dado dos explicaciones más. La primera se debe a Durantini quien en 1983, vio en ella una triple alegoría: de la vida contemplativa, representada en el autorretrato del pintor, de la vida activa, representada en la actitud amonestadora de la madre, y de la vida sensual, representada por la actitud del tamborilero. La otra interpretación se debe a Hedinger (1986) quien ha hecho una lectura política del óleo poniéndolo en relación con los momentos históricos que estaba viviendo Holanda en la fecha en que se pintó. Aunque estas tres hipótesis interpretativas son muy diferentes no se excluyen entre sí.
Mar Borobia
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