FRIEDRICH, Caspar David Mañana de Pascua,
1833
Óleo sobre lienzo 43,7 x 34,4 cm
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
El romanticismo alemán está representado en nuestro museo con un lienzo del mejor intérprete de este movimiento: Caspar David Friedrich. Mañana de Pascua se ha fechado en la etapa de madurez del artista antes del ataque de apoplejía que sufrió el 26 de junio de 1835, fecha en la que Friedrich abandonó la pintura al óleo para trabajar en acuarelas y dibujos a tinta sepia. Esta tela perteneció a Wilhelm Wegener que en 1859 la describió de la siguiente manera: "Tres mujeres caminan rígidamente hacia el cementerio por la mañana muy temprano. Todavía no ha amanecido, y la luna, alta en el firmamento, aún permanece, aunque ya no ilumina el paisaje y no arroja sombras. Los viejos árboles al lado del camino están echando yemas, y en los campos se ven los verdes brotes que han sobrevivido al invierno. La naturaleza celebra su despertar". Este fragmento de Wegener, además de describir la obra fielmente, desbroza el simbolismo que contiene el óleo acorde con el resto de la obra de Friedrich.
La pintura formaba pareja en la colección de Wilhem Wegener con otra obra del pintor titulada Nieves tempranas, que se encuentra actualmente en la Kunsthalle de Hamburgo y cuyas medidas son idénticas a las de Mañana de Pascua. Nuestro lienzo se ha comparado con otra composición del pintor, Paseo al anochecer, fechada hacia 1830 1835, con la que comparte en el Kupferstichkabinett de Dresde una hoja con estudios de las figuras que componen tanto Paseo al anochecer como Mañana de Pascua. En la parte baja de este dibujo Friedrich detalla, a la escala del cuadro, aisladamente y sin el paisaje, los tres grupos de mujeres que se colocan en el camino que conduce al camposanto. El pintor, sin embargo, ha invertido el sentido de estas figuras al trasladarlas de su estudio en papel al lienzo.
Los paisajes de Friedrich, silenciosos y de una honda quietud, contienen un simbolismo alusivo a la vida y a la esperanza que el artista plasma a través de una iconografía personal. En este cuadro, como en otras pinturas, Friedrich se sirve de determinados elementos para comunicarnos un mensaje religioso sin recurrir al repertorio tradicional de imágenes. El paisaje es el medio con el que este artista nos trasmite sus ideas y del que se vale para expresarnos sus propios sentimientos. En esta pintura unas figuras calladas, casi de espaldas al espectador, están detenidas en el borde de un sendero que arranca del primer término del lienzo. Los recodos de este camino, que nos introduce en los campos, se aprovechan para insertar dos grupos más de mujeres en actitudes también de silencio. La luna visible todavía en lo alto del firmamento se contrapone con su resplandor a la fría luz del amanecer que empieza a inundar el horizonte. La luna y el amanecer junto con la estación elegida por Friedrich, el momento en el que invierno todavía presente empieza a dar paso al nacimiento de la primavera, se han interpretado como signos alusivos a la muerte y a la vida después de la muerte. El mensaje de esperanza que difunde el pintor se traduce en esta Mañana de Pascua en un clara referencia a la Resurrección.