El Impresionismo supuso una revolución en el arte. Con él se suele decir que terminó la pintura antigua y comenzó la moderna. Su modernidad estriba, por un lado, en un cambio de temática: abandonando definitivamente el "tono" trascendental de la pintura de historia o religiosa, los temas impresionistas son el paisaje, la vida cotidiana, la ciudad, los cafés y los teatros. Por otro lado, en un cambio en el lenguaje y técnica pictóricas: la luz se convierte en protagonista del cuadro y la técnica, rechazando los principios académicos, se vuelve personal para encontrar la forma más apropiada de representación de la reverberación de la luz y el color, con el fin de captar lo que realmente ve el ojo del artista. Las colecciones Thyssen-Bornemisza ofrecen un amplio conjunto de este movimiento, a través de sus principales artistas, desde sus inicios hasta sus derivaciones europeas y norteamericanas.