Duccio, Van Eyck,
Carpaccio, Lucas Cranach, Durero, Caravaggio, Rubens,
Frans Hals, Van Gogh, Gauguin, Kirchner, Mondrian,
Klee, Hopper, Rauschenberg .... son algunos de los
grandes maestros de la Historia del Arte cuyas obras
pueden contemplarse en el Museo Thyssen-Bornemisza
de Madrid, que en la actualidad alberga dos colecciones
procedentes de la estirpe coleccionista Thyssen-Bornemisza.
La Colección Thyssen-Bornemisza, adquirida
por el Estado español al Barón Hans
Heinrich Thyssen-Bornemisza en 1993, y expuesta
en el museo de forma permanente desde su apertura
en 1992; y la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza,
propiedad de la Baronesa viuda, y en depósito
en el Museo desde 2004. Estos dos conjuntos reúnen
cerca de mil obras de arte, principalmente de pintura,
a través de las cuales el Museo ofrece un
recorrido por la historia de la pintura europea
desde sus inicios, en el siglo XIII, hasta las postrimerías
del siglo XX.
Situado casi enfrente del Museo del Prado y muy
cerca del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía,
este nuevo Museo, de cuya remodelación se
encargó el arquitecto Rafael Moneo, era la
piedra angular que faltaba para que el triángulo
del arte se convirtiera por fin en realidad. Con
la presencia en Madrid de la Colección Thyssen-Bornemisza,
la colección privada más importante
del mundo hasta que en junio de 1993 la adquiriera
el Estado español por 350 millones de dólares,
pocas ciudades podrán ofrecer un mayor atractivo
a cualquier amante del Arte. Una de las características
más destacadas del Museo es su carácter
complementario con respecto a las colecciones del
Museo del Prado en lo que a pintura antigua concierne,
y del Museo Nacional Reina Sofía en pintura
moderna, aportando movimientos y estilos como los
primitivos italianos y neerlandeses, Renacimiento
alemán, pintura holandesa del siglo XVII,
Impresionismo, Expresionismo alemán, Constructivismo
ruso, la Abstracción geométrica y
el Pop. Y en lo que resulta singular es en la muestra
de pintura norteamericana del siglo XIX, prácticamente
desconocida en Europa y que en el Museo ocupa dos
salas.
Los orígenes y desarrollo de la Colección
Thyssen-Bornemisza ofrecen una de las más
fascinantes historias del coleccionismo privado.
Aunque la Colección era ya conocida en todo
el mundo, cuando en octubre de 1992 se abrió
al público el Museo Thyssen-Bornemisza de
Madrid y pudo verse por primera vez en su conjunto
el núcleo principal, una de las mayores causas
de admiración fue el hecho de que tal cantidad
de obras y de tal calidad hubiesen sido el resultado
de tan sólo dos generaciones de coleccionismo.
Se trataba, sin duda, de la colección privada
de arte más importante de este siglo. Efectivamente,
aunque con un breve pero interesante precedente
relativo a August Thyssen, abuelo del barón,
la historia de la Colección Thyssen-Bornemisza
es fruto del afán coleccionista del Barón
Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza y de su padre Heinrich,
primer Barón Thyssen-Bornemisza. Éste,
que inició la Colección en los años
20 de este siglo, se dedicó sobre todo al
arte antiguo, reuniendo, hasta 1947, año
de su muerte, alrededor de 525 cuadros. En 1930,
en la Alte Pinakothek de Munich, el público
tuvo la oportunidad de contemplar la primera exposición
de las obras reunidas por él. Dos años
después, para albergar una colección
que crecía sin cesar, el barón compró
al príncipe Leopoldo de Prusia Villa Favorita,
en la localidad suiza de Lugano. A su muerte, la
Colección se dispersó en parte entre
sus herederos, y el menor de sus cuatro hijos y
heredero del título, el barón Hans
Heinrich Thyssen-Bornemisza, se dedicó a
reunirla de nuevo, comprando las obras a sus parientes.
En una etapa inicial siguió adquiriendo pintura
antigua y, a partir de los años 60, inició
la Colección de Maestros Modernos. Su interés
se concentró al principio en las obras del
Expresionismo alemán, un arte considerado
"degenerado" por los nazis, que destruyeron
gran parte de estas obras. Poco a poco, la fascinación
que sentía por los expresionistas alemanes
le condujo a la adquisición de obras de artistas
de vanguardia rusos y otros pioneros del arte abstracto.
Y así, llegó a hacerse con importantes
obras impresionistas, postimpresionistas, pintura
europea de principios de siglo, pintura inglesa
de la postguerra - Francis Bacon, Lucian Freud,
etc. - y pintura norteamericana de los siglos XIX
y XX.
Villa Favorita se quedó pequeña - allí
no se podían exponer más que 300 cuadros
- y el barón decidió buscar un nuevo
hogar para sus obras. La proximidad del Museo del
Prado y la calidad del edificio de Madrid que le ofreció
el Estado español, le decidió a traer
la Colección a España. Y es en esta
ciudad, en el decimonónico Palacio de Villahermosa,
donde se puede contemplar por primera vez la Colección
casi completa. La instalación definitiva de
la Colección en España parecía
la culminación de esa relativamente corta pero
intensa trayectoria coleccionista, pero no ha sido
así. Carmen Thyssen-Bornemisza ha recogido
el testigo y, continuando con la tradición
familiar, tiene desde hace unos años su propia
colección, que recoge por un lado la herencia
de su esposo y, por otro, continúa ampliándose
con nuevas adquisiciones.
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