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Museo Thyssen-Bornemisza
 
Historia
Los orígenes de una gran colección

August Thyssen (1842-1926) fue el verdadero creador del imperio económico de la familia Thyssen, basada originalmente en la industria siderúrgica. Aunque dotado de gran sensibilidad artística, August Thyssen no tuvo tiempo de ocuparse de coleccionar arte hasta su madurez. Pensando en crear una colección de escultura, se dirigió al que era el escultor más famoso e importante de su tiempo, Auguste Rodin. Fruto de esta relación entre el industrial alemán y el escultor francés, es una magnífica serie de siete esculturas en mármol. El estallido de la Primera Guerra Mundial interrumpió este primer proyecto de coleccionismo artístico en la familia; August Thyssen falleció en los años de la postguerra, años por otro lado muy difíciles para la economía alemana. El conjunto de esculturas quedó en propiedad de una rama de la familia Thyssen afincada en Alemania hasta que, en 1956, se pusieron a la venta y fueron adquiridas por el actual Barón.

Cuatro de ellas forman parte hoy en día de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
Es precisamente a través de la correspondencia que se conserva entre Rodin y August Thyssen, concretamente en una carta de 1911, como tenemos por primera vez noticia de que el hijo del industrial alemán, Heinrich - tercero de siete hermanos -, estaba iniciando su colección de arte. Sin embargo, disponemos de pocos datos sobre esos primeros años de la colección. Doctorado en Filosofía por la Universidad de Londres, Heinrich Thyssen había contraído matrimonio en 1905 con la Baronesa Margit Bornemisza de Kaszon, hija de un noble húngaro. Heinrich Thyssen-Bornemisza separó completamente sus nuevas empresas de la industria siderúrgica y estableció su residencia en Hungría, en el castillo de Schloss Rohoncz, perteneciente a la familia de su esposa y donde sabemos que estuvo instalada la Colección. En 1919, la revolución de Belà Kun le obligó a abandonar Hungría, trasladando el centro de sus negocios a Amsterdam, ciudad en la que nacería su hijo Hans Heinrich en 1921.

Heinrich Thyssen-Bornemisza: pasión por el arte

A pesar de las dificultades económicas de la postguerra, Heinrich Thyssen siguió coleccionando pintura durante la década de los 20, y lo hizo de modo muy discreto, de tal forma que, cuando en 1930 se expuso por primera vez su colección - conocida todavía como la Colección Schloss Rohoncz -, en la Neue Pinakothek de Munich, el hecho se convirtió en un auténtico acontecimiento para los historiadores de arte de la época. El éxito obtenido animó al Barón a seguir coleccionando y a comprar también esculturas, muebles, tapices, joyas y otras obras de arte.

Durante el periodo de entreguerras fueron numerosas las colecciones privadas que se disolvieron. Con acierto e intuición y asesorado por destacados especialistas, Heinrich Thyssen se volcó en una intensa política de adquisiciones. Su interés inicial se centró en los primitivos alemanes. Muy pronto, su colección contó con destacados ejemplos de dicha escuela, con obras de autores como Hans Baldung Grien, Altdorfer, Durero, Cranach o Holbein. Siguiendo una tradición coleccionista alemana, el Barón sentía también especial predilección por la pintura neerlandesa y su colección se amplió con nombres de la categoría de Robert Campin, Petrus Christus, Roger van der Weyden, Jan van Eyck, Memling o Juan de Flandes. Pero su interés no se limitó al Renacimiento del Norte, también adquirió pinturas italianas como el Retrato de Giovanna Tornabuoni de Domenico Ghirlandaio, Joven Caballero en un Paisaje de Carpaccio, Retrato de Ferry Carondolet con sus secretarios de Sebastiano del Piombo y Santa Catalina de Alejandría de Caravaggio. Con el tiempo a estos ilustres artistas se unirían otros nombres esenciales de la historia de la pintura: ingleses como Gainsborough y Reynolds; franceses como Watteau, Fragonard o Chardin; italianos como Tiziano, Veronés, Tintoretto, Tiépolo, Canaletto o Guardi....

Pensando en el futuro de la colección, decidió instalarse en Suiza, único país europeo que, en las circunstancias históricas de los años 30, parecía garantizar un entorno pacífico. Con ese fin, adquirió en 1932 una villa situada a orillas del Lago de Lugano, conocida desde antiguo como Villa Favorita; un palacio construido en 1687 y que pertenecía al príncipe Leopoldo de Prusia. Mientras continuaba adquiriendo obras de arte para su colección, Heinrich Thyssen-Bornemisza inició la construcción de una galería en el jardín de Villa Favorita con el fin de instalar los cuadros en las mejores condiciones museísticas y con la intención de exhibirlos públicamente.

En 1936 terminaron las obras de la Galería de Villa Favorita y se abrieron sus puertas al público. Desgraciadamente, el comienzo de la Segunda Guerra Mundial interrumpió el proyecto y tuvo que cerrarse de nuevo en 1939. No volvería a abrirse hasta el año 1949, ya de forma definitiva y gracias al empeño de su hijo Hans Heinrich, quien tomó el testigo dejado por su padre, fallecido en 1947. A raíz de la muerte del primer Barón Thyssen-Bornemisza, que por entonces había logrado reunir unas 525 obras de arte, la Colección quedó dividida entre sus cuatro hijos. Con tan sólo 26 años, Hans Heinrich fue el único de ellos que decidió seguir con la tradición iniciada por su padre y quedó también al frente de los negocios familiares. Su hermano, dedicado a la investigación biológica, no estaba interesado en ellos ni en la colección; por otro lado, sus otras dos hermanas forzaron la partición hereditaria de la Colección de arte reunida por su padre. En las difíciles circunstancias causadas por la guerra, Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza logró, mediante compensaciones económicas y muchos sacrificios, mantener unida una gran parte de la Colección, aunque no toda. De hecho este proceso ha continuado y, en 1988, compró a una de sus hermanas El Paraíso de Brueghel. Esta experiencia de juventud había de ser importante cuando, treinta años más tarde, hubo de plantearse de nuevo el futuro de la Colección.

Algo más que una herencia y tradición familiar: Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza

El reto de recuperar las obras que habían pertenecido a su padre y se habían dispersado fue su mayor acicate en esos primeros años, tanto en la actividad empresarial, en la que obtuvo cada vez mayores éxitos, como en la actividad coleccionista. No fue hasta 1956 cuando compró el primer cuadro a una persona ajena a la familia, el Retrato de un hombre de Francesco del Cossa, procedente de la Colección Jan von Pannwitz.

Aunque su mayor deseo era seguir la tradición familiar, Han Heinrich Thyssen-Bornemisza fue realmente mucho más allá, centrando su atención en periodos artísticos que no habían despertado el interés de su padre, principalmente la pintura de los siglos XIX y XX. En los primeros años añadió a la Colección importantes obras de maestros antiguos tales como Cristo y la Samaritana de Duccio, Naturaleza muerta con la copa de Nautilus de Willem Kalf, La fachada occidental de Santa María de Utrecht de Jansz Saenredam, La toilette de François Boucher o Asensio Julià de Goya. El cambio de enfoque se produjo al comienzo de la década de los años 60, cuando empezó a coleccionar arte moderno. Desde entonces y con un ya legendario sentido para reconocer la calidad excepcional de las obras, ha extendido el ámbito de la Colección, abarcando todos los movimientos importantes del arte moderno. La primera pintura del siglo XX que adquirió fue en 1961 una acuarela del pintor alemán Emil Nolde. Ese mismo año se hizo con un grupo importante de cuadros expresionistas. Este movimiento artístico, perseguido por el nazismo, fue el primero que atrajo su atención hacia el arte moderno. La atracción del Barón por el expresionismo alemán no se reduce sólo a su valor artístico, sino también al contexto histórico en el que se desarrolló este estilo. Declarado “arte degenerado” por los nazis, fue tenazmente perseguido, prohibido y secuestrado. Interesado por los valores humanos y testimoniales de estas obras, - precisamente “el color y la libertad de expresión” que transmiten las pinturas expresionistas fue lo que más le atrajo de ellas -, el Barón se hizo con una muestra muy representativa de las mismas, logrando reunir una notable colección que se sitúa entre las mejores de su género.

Esta especial fascinación por los expresionistas alemanes le llevó gradualmente a adquirir obras que cubrían todo el arco de la pintura moderna, con especial énfasis en el impresionismo y postimpresionismo, la pintura europea de principios de siglo, una importante representación de las vanguardias rusas y centroeuropeas, con obras de Picasso, Braque, Léger, etc.-, pintura inglesa de la postguerra - con obras de Francis Bacon y Lucian Freud -, alcanzando hasta el Pop Art y el Hiperrealismo.

Otro aspecto importante de la Colección se centra en la pintura norteamericana de los siglos XIX y XX. El Barón empezó a adquirir estos cuadros, principalmente los de la escuela norteamericana del siglo XIX, cuando aún interesaba muy poco, incluso en los Estados Unidos; sin embargo, hoy es una pintura muy apreciada también en Europa. Este apartado llena además un hueco importante en los museos europeos y hace de la Colección un referente ineludible para todos aquellos interesados en este arte.

Con todas estas nuevas adquisiciones, la Galería de Lugano no podía albergar ya más que una parte de la Colección, la de Maestros Antiguos y, de vez en cuando, algunas obras de Maestros Modernos. Surgió así la idea de organizar exposiciones temporales en otros países, potenciando además de este modo su difusión internacional. La Colección Thyssen-Bornemisza ha tenido siempre una vocación viajera. Si el padre del Barón amplió Villa Favorita para poder mostrarla al público, organizando también la primera muestra itinerante en Munich en 1930, Hans Heirinch Thyssen-Bornemisza impulsó una política de apertura, acceso e intercambio, con la idea siempre de favorecer el acercamiento cultural entre distintas comunidades.

Una colección viajera

Acorde con dicha política, desde 1960, diferentes selecciones de la Colección comenzaron a viajar por todo el mundo. Paralelamente se inició también un importante programa de préstamos a otras muestras, siendo pocas las grandes ocasiones de exposiciones colectivas que no hayan contado de un modo u otro con la Colección Thyssen-Bornemisza.

La segunda exposición temporal tuvo lugar en 1960 en Essen, ya bajo el nombre de Colección Thyssen-Bornemisza. Un año después, la National Gallery de Londres acogió la muestra “De Van Eyck a Tiépolo. Una exposición de Pinturas de la Colección Thyssen-Bornemisza”. En la década de los 70 se organizaron varias exposiciones de obras modernas de la Colección en Alemania, Japón, Bélgica, Francia, Australia y Nueva Zelanda. Entre 1979 y 1981 la exposición “Pintura de los Maestros Antiguos de la Colección Thyssen-Bornemisza” visitó nueve ciudades de los Estados Unidos. En los años 80 una exposición de maestros modernos y norteamericanos estuvo de gira por Europa, Estados Unidos y Japón. La serie de exposiciones de maestros norteamericanos en Estados Unidos supuso un espaldarazo definitivo a la colección de pintura norteamericana. También se llevaron a distintos lugares exposiciones de arte abstracto, pintura norteamericana del siglo XIX, pintura expresionista y moderna alemana, y de objetos de oro y plata.

De especial relevancia fueron las exposiciones organizadas en Rusia en tres ocasiones: en 1983 en San Petersburgo y en Kiev, en 1987 en Moscú y en San Petersburgo, y en 1988 en Novosibirsk, en Siberia. Estas exposiciones propiciaron el intercambio con obras impresionistas y postimpresionistas del Hermitage y del Museo Pushkin, que se expusieron en Villa Favorita en 1983. Este intercambio marcó un hito importante en el incremento de las relaciones culturales entre la URSS y los países occidentales, y significó también el comienzo de un nuevo programa de exposiciones temporales en la sede de la Colección en Suiza. Villa Favorita acogió, entre otras, una exposición de pinturas de Goya de varias colecciones privadas de España, otra de obras maestras de los museos húngaros y una exposición de pinturas impresionistas norteamericanas de colecciones estadounidenses.

También cabe destacar, por el futuro que depararía a la Colección, las dos presentaciones que se hicieron en Madrid: “los Maestros Modernos” en 1986, en la Biblioteca Nacional, y los “Maestros Antiguos” en 1987, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; en ambas ocasiones, con una gran respuesta por parte del público español.

Por aquellos años, el Barón Thyssen-Bornemisza empezaba a plantearse ya el futuro de su Colección. Tras la experiencia vivida a raíz del fallecimiento de su padre, su principal deseo era que la unidad de la Colección quedara asegurada en el futuro. Por otro lado, era también necesario un nuevo edificio que permitiera la instalación de las nuevas adquisiciones de forma permanente. El primer planteamiento fue la ampliación de la Galería de Villa Favorita, llegando incluso a convocarse un concurso arquitectónico que reinició el anteproyecto del arquitecto británico Robert Stirling. Sin embargo, ese proyecto no pudo llevarse a cabo y empezaron a surgir entonces diversas ofertas para instalar la Colección fuera de Suiza. Las más destacadas vinieron de Estados Unidos (de la Fundación Getty), y de los gobiernos de Inglaterra, Alemania y España. Poco a poco, la oferta española fue ganando terreno a las demás; las condiciones que ofrecía para la estabilidad del futuro de la Colección y su difusión pública eran inmejorables. Sin duda tuvo un papel decisivo la excepcional ubicación del edificio que se ofrecía como futura sede del Museo, el céntrico Palacio de Villahermosa, situado casi frente al Prado y muy cerca del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. No se puede olvidar tampoco en todo este proceso la labor realizada por la Baronesa Thyssen-Bornemisza, de nacionalidad española. Casada con el Barón en 1985, Carmen Cervera ha compartido siempre con él su deseo de que la Colección permaneciera unida, que estuviera al alcance de todo el mundo, y expuesta en las mejores condiciones.

La instalación definitiva de la Colección en España fue fruto de un proceso gradual y de unos acuerdos muy meditados por parte de los Barones Thyssen-Bornemisza y el Gobierno Español. Corrían los últimos años de la década de los 80 cuando la prensa española empezó a hablar de posibles contactos entre ambas partes. A principios de 1988, el Duque de Badajoz, Luis Gómez-Acebo, que tuvo un papel destacado en el establecimiento de los contactos iniciales, declaró que era inminente la decisión sobre el destino de la Colección. Efectivamente, en el mes de marzo de ese mismo año, el Ministro de Cultura, Javier Solana, confirmó que la Colección Thyssen-Bornemisza se instalaría en España por un período mínimo de nueve años y medio, con posibilidades de negociar su instalación definitiva. Unos días más tarde, el propio Barón, en la presentación de la exposición de Maestro Antiguos en Londres, anunció la venida de parte de la Colección a nuestro país, mediante la fórmula de préstamo temporal.

El 7 de abril de 1988, el Barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza y el Ministro de Cultura, Javier Solana, firmaron el Protocolo de Intenciones por el cual 775 cuadros de la Colección Thyssen-Bornemisza podrían exponerse en España. El protocolo preveía una cesión por nueve años y medio, aunque quedaba abierta la posibilidad de nuevas negociaciones para una cesión definitiva.




August Thyssen-Bornemisza



Heinrich Thyssen-Bornemisza



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