CRISTO Y LA MAGDALENA, c.
1905
1. Paños en las piernas de la Magdalena.
En este detalle se puede ver el contraste entre el trabajo sutil de los paños
y la figura y las rocas en las que el mármol está prácticamente sin desbastar.
2. Firma del artista.
A petición de August Thyssen el secretario de Rodin, Rainer Maria Rilke le envío
una descripción de las tres obras que formaban parte del primer encargo.
Rilke describió así la pieza: "Cristo, con su gesto de crucificado, extendiendo sus brazos como un indicador
en la encrucijada de todos los dolores, muere abrumado bajo el peso de su suerte
que, como esta piedra (cruz pesada y petrificada), se acumula sobre él.
Es precisamente esta mujer que perfumaba sus pies infatigables quien se ha acercado,
ahora que la pasión ya se ha consumado, para perfumar con la ternura tardía y
vana de sus carnes este cuerpo exagüe y abandonado. En un acceso de desesperación,
ella se arrojaba de rodillas delante de él, sosteniendo con su brazo izquierdo
la cabeza martirizada cuya expresión no podía soportar. Y mientras este rostro,
semejante a un objeto flotante, nada sobre su brazo tembloroso, la mujer curvada
hacia la derecha, tal una llama atormentada por el viento, trata de envolver,
de ocultar, el indecible suplicio de este cuerpo tan amado. Ella le perfuma con
su movimiento triste y evocador y despliega con un gesto lleno de desesperación
su cabellera para enterrar con él el corazón martirizado de Cristo.
El contraste entre los dos cuerpos, fuertemente impuesto por el mármol, produce
a primer golpe de vista la impresión de tristeza sin límite que expande este
tema.".
3. Torso de la Magdalena ciñéndose sobre el cuerpo de Cristo.
La figura de la Magdalena está tomada de una figura de La Puerta del Infierno
llamada La Meditación, aunque Rodin modificó las piernas añadiendo unos paños
que las ocultan y los brazos, ensamblando uno en la cruz y el otro prácticamente
oculto con la cabellera. Si La Meditación era una imagen del pensamiento, esta
figura aferrada al cuerpo de Cristo es un símbolo de amor y desesperación.
4. Rostro de Cristo.
La asociación del tema de Cristo y el hombre de genio ignorado por sus contemporáneos
era común entre los artistas de la generación romántica. Durante la década de
1890 Rodin atraviesa una etapa difícil, tanto en su trayectoria profesional como
en su vida sentimental, que le hace identificarse con este ser sufriente y torturado,
y establecer una relación especial con la escultura, lo que explica tal vez que
nunca se expusiera en vida del artista
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