Tras continuos viajes por Europa y Túnez, Kandinsky y Gabriele Muenter se instalan en Murnau, una pequeña población pintoresca cercana a Munich, en donde el pintor evolucionaría hacia la abstracción. En esta obra, de colorido vibrante y sentido decorativo, se refleja la influencia de Gauguin y Matisse y se acerca al fauvismo.