Esta obra del período de madurez de Baldung nos recuerda necesariamente a la pareja de tablas que realizara su maestro Durero con el mismo tema y que el discípulo pudo ver durante su aprendizaje. Pero aparte del tema poco más hay de parecido. Lo que en Durero es principio de armonía y de las proporciones, en Baldung se convierte en sensualidad y cierto halo de misterio que la obra desprende. La distinta coloración en las dos estilizadas figuras, el gesto reconcentrado de Adán y, sobre todo, el abrazo amoroso e incitador del hombre, mientras la mujer abre los brazos mostrando su desnudez, son los rasgos más sobresalientes de esta sorprendente y atractiva pintura.