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Mitos del Pop

Del 10 de junio al 14 de septiembre de 2014

Entradas a la venta



Autor:
Roy Lichtenstein
Título:
Look Mickey (detalle)
Fecha:
1961
Óleo sobre lienzo
Medidas:
121,9 x 175,3 cm

Ubicacion:
National Gallery of Art, Washington.
Donación de Roy y Dorothy Lichtenstein

Alma-Tadema y la pintura victoriana
en la Colección de Pérez Simón

Del 25 de junio al 5 de octubre de 2014

Nueva exposición



Autor:
Sir Lawrence Alma-Tadema
Título:
Las rosas de Heliogábalo (detalle)
Fecha:
1888
Técnica:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
132,7 x 214,4 cm

Ubicacion:
Colección Pérez Simón, México

Thyssen y Ketterer: Dos amigos y una colección

Marta Ruiz del Árbol

El 13 de abril de 1981 el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza celebró su sexagésimo aniversario. Con este motivo recibió una felicitación muy especial de su viejo amigo, Roman Norbert Ketterer1. En letras góticas y papel imitando pergamino el marchante de arte y su esposa le hacían llegar sus mejores deseos.

Felicitación de Ketterer y su esposa al barón por su cumpleaños

Barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza. Foto Evelyn Hofer

Barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza.
Foto Evelyn Hofer

Casi un mes antes, el 10 de febrero de ese mismo año, Ketterer recibía la Cruz Federal del Mérito con motivo de su setenta cumpleaños. Con esta condecoración el gobierno federal, encabezado por Helmut Schmidt, reconocía su contribución a la reparación del arte expresionista alemán durante la postguerra y su importante papel en su difusión a nivel internacional2. Este reconocimiento venía a poner de relieve un recorrido que había comenzado en la temprana fecha del 3 de mayo de 19453, cuando Ketterer formó parte del consejo provisional que, por mandato de las tropas norteamericanas, sustituyó al anterior ayuntamiento nacionalsocialista en la población de Eslingen4. Por aquel entonces Ketterer dirigía la empresa de aceites especiales Südöl de esta localidad cercana a Stuttgart, y nada hacía presagiar que poco después, en 1946, abriría junto a su hermano Wolfgang el Stuttgarter Kunstkabinett, la casa de subastas que pronto se convertiría en referencia para la recuperación del expresionismo alemán durante los años siguientes.

Roman Norbert Ketterer, 1973

Roman Norbert Ketterer, 1973

Los herederos de Ketterer narran cómo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial el patriarca familiar desconocía el arte alemán anterior al Tercer Reich, que había sido declarado “degenerado”. Poco tiempo después de ver las primeras obras expresionistas, comprendió que su papel debía consistir en atraer la atención de coleccionistas y directores de museos a través de sus subastas5. En 1947 el Stuttgarter Kunstkabinett celebró la primera de ellas, dedicada a la obra gráfica de Max Slevogt. Frente a lo que cabría esperar en la devastada Alemania de la postguerra, donde durante más de veinte años este tipo de arte había estado vetado, el evento fue un auténtico éxito que animó a los hermanos Ketterer a continuar. A partir de entonces su actividad se centró en las obras de los miembros del grupo expresionista Die Brücke [El Puente] y en especial de Ernst Ludwig Kirchner6. A partir de 1953 Roman y Wolfgang continuaron sus caminos por separado.

Según Zwirner “el comercio de la Modernidad Clásica [en Alemania] fue dominado por la exitosa casa de subastas de Roman Norbert Ketterer de Stuttgart"7. Durante aquellos años de posguerra, ésta fue el barómetro para conocer los valores cambiantes de unas obras en constante revalorización. Sus subastas se convirtieron en acontecimientos sociales en los que se daban cita, no sólo personalidades del mundo del arte y los museos, sino algunos de los principales coleccionistas del momento.

De forma paralela Ketterer creó su propia colección de arte, que a finales de los años cincuenta estaba formada por algunas de las principales obras maestras de Die Brücke. Entre marzo de 1960 y junio de 1961, en el momento más álgido de su carrera como marchante, prestó de forma anónima una selección de obras de su colección para una exposición. Meisterwerke des deutschen Expressionismus [Obras maestras del expresionismo alemán], que viajó por Bremen, Hannover, La Haya, Colonia y Zúrich8, en la actualidad es considerada una de las muestras claves para la rehabilitación del expresionismo en Centroeuropa. Parece, además, haber sido el punto de arranque de la estrecha relación, que algunos años más tarde, uniría a Ketterer con el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza9.

Portada del catálogo de exposición Meisterwerke des deutschen Expressionismus de 1960-1961

Portada del catálogo de exposición Meisterwerke des deutschen Expressionismus de 1960-1961

“Gradualmente comencé a pensar –afirmaba el barón- que todos los esfuerzos artísticos hechos en la primera mitad de este siglo, en una época en la que se han conseguido los mayores logros en la mayor parte de las áreas, no podían estar desprovistos de interés”10. Así, a principios de mayo de 1961, animado por David Rockefeller y Stavros Niarchos, el barón asistió a una de las famosas subastas del Stuttgarter Kunstkabinett. En su decisión pudo también haber influido la repercusión que la muestra de la colección expresionista de Ketterer había tenido en los medios. Puede incluso que la hubiese visitado y eso le incitase a conocer de primera mano al hombre que había reunido aquellas obras. Sea como fuere, el barón conservaba un ejemplar del catálogo de aquella exposición en su biblioteca particular11.

Durante aquella primera subasta de arte moderno, el barón marcó un hito en su historia como coleccionista. Hasta entonces las adquisiciones de Heini, como era conocido por sus seres más cercanos, se habían suscrito al ámbito de la pintura antigua. Sin embargo, según sus propias palabras, la fascinación que sintió ante los “colores atrevidos y la atmósfera tan especial que emanaba”12 de Una joven pareja de Emil Nolde, le hicieron entrar en una tensa puja en la que se alcanzó el valor más alto hasta entonces ofrecido por una obra sobre papel de este artista13. Con la adquisición de esta acuarela de Nolde rompía con la tradición instaurada por su padre que consideraba las creaciones artísticas del siglo XX poco interesantes.

Emil Nolde. Una joven pareja, 1931-1935. Thyssen-Bornemisza Collections

Ernst Ludwig Kirchner. Fränzi ante una silla tallada, 1910. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Ernst Ludwig Kirchner
Fränzi ante una silla tallada, 1910
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Desde aquel momento Ketterer "se convertiría – decía el barón - en un buen amigo que guiaría mis primeros pasos en arte del siglo XX, un terreno por aquel entonces desconocido para mí"14. Tras Nolde toda una serie de obras maestras expresionistas entraron a formar parte de su colección a través del marchante alemán. Sólo durante aquel año de 1961, adquirió La casa en Dangast (La casa blanca) de Erich Heckel, Feria de caballos y Verano en Nidden de Max Pechstein, Sol sobre un pinar de Karl Schmidt-Rottluff y Doris con cuello alto y Fränzi ante una silla tallada de Ernst Ludwig Kirchner. Cabe señalar que todas ellas, con la excepción de Verano en Nidden, habían formado parte de la citada Meisterwerke des deutschen Expressionismus.

De esta forma el barón, al igual que Ketterer algunos años antes, iniciaba su inmersión en el arte del siglo XX a través de los artistas de Die Brücke. Para él, un ferviente antinazi, el factor político parece haber jugado un decisivo papel en este interés. Como él mismo señaló en repetidas ocasiones, el hecho de que estas obras hubiesen sido declaradas como “arte degenerado” por el Tercer Reich sirvió de aliciente para que se interesase por ellas y desease coleccionarlas. Si bien el proceso de rehabilitación de los artistas denostados por el régimen nazi se había iniciado poco después de finalizar la guerra, éste aún estaba activo a comienzos de los sesenta y el deseo de perpetuar la memoria de unos artistas que habían sido perseguidos debió de influir en su ánimo15. Esta conexión con el expresionismo, que sintieron muchas mentes liberales de la Europa del momento, que excedía el terreno de lo artístico, fue un punto de arranque que le llevó a modificar el curso de la tradición familiar y alargar su mirada hasta comienzos del siglo XX y mucho más allá. De hecho el mismo año de la compra de la acuarela de Nolde también entró en su colección una pintura de Nicolas de Staël y poco más tarde, en 1963, otra de Jackson Pollock.

Casualidades del destino: tan sólo un año después, en 1962, Roman Norbert Ketterer trasladó su residencia a Campione d’Italia. Esta pequeña localidad italiana se encontraba a pocos kilómetros de Villa Favorita, la residencia familiar de la familia Thyssen, situada en el cantón suizo de Lugano. Por aquel entonces Ketterer, que se había separado de su primera mujer, buscaba un nuevo emplazamiento para su negocio en donde poder disfrutar de menor presión fiscal y extender sus contactos.

Lyonel Feininger. La dama de malva, 1922. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Lyonel Feininger
La dama de malva, 1922
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

“Vivíamos tan cerca que podríamos habernos gritado de un lado al otro del lago” recordaba Ketterer en sus memorias16. Durante los años que siguieron la relación entre ambos se hizo muy cordial y cercana. El nuevo vecino del barón recordaba, por ejemplo, cómo la mudanza le había sumido en dificultades económicas que le abocaron en algunas ocasiones a “llamar a Villa Favorita y anunciar mi deseo de vender algo de mi colección particular" y como cada una de las veces, el barón elegía "lo mejor de mi colección, cada vez, una pintura que yo era reacio a vender”17. Las frecuentes visitas que se dedicaban el uno al otro han quedado también reflejadas en el libro de visitas de la galería de Ketterer: “El expresionismo es una droga, aquí estoy otra vez”18 escribía en tono amistoso y divertido el barón un 14 de septiembre de 1964 durante el que se decidió la compra de La dama de malva de Lyonel Feininger.

La admiración recíproca era la nota dominante en su amistad. Por un lado, el barón demostró su absoluta confianza en Ketterer en numerosas ocasiones. El galerista no sólo se convirtió en su principal contacto cuando se trataba de adquirir obras de expresionistas19, sino que intervino en varias ocasiones como asesor del barón en otros asuntos. Durante 1973 asistió, por encargo del barón, a una subasta de Eberhard W. Kornfeld en Berna. Ketterer viajó a la capital suiza con el encargo de adquirir para el barón una serie de litografías de Toulouse-Lautrec. La calidad y rareza de las obras que saldrían a la venta y los numerosos compradores interesados hicieron que el marchante recibiera carta blanca para poder hacerse con ellas. Ketterer recordaba en una conversación con Simon de Pury, también presente aquel 21 de junio en Berna, la tensión que sufrió ante la responsabilidad del encargo20. Durante aquella subasta además Ketterer adquirió La comida frugal, una litografía de Picasso que llamó poderosamente su atención al estar dedicada por el propio artista.


Pablo Picasso. La comida frugal, 1904. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Ketterer, por su parte, destacó en varias ocasiones el buen ojo de su amigo para distinguir cuándo se encontraba ante una obra de arte excelente. Preguntado por Ketterer por esta destreza y por su definición de calidad, el barón afirmaba que era aquello que “ligaba el ojo y el corazón”21. De igual forma Ketterer admiraba el interés del barón por promover la actividad expositiva en Villa Favorita y destacaba especialmente una muestra celebrada en 1983. En aquella ocasión, gracias a las labores diplomáticas del barón, pudieron verse de forma excepcional obras de Cézanne, Gauguin, Van Gogh, Matisse y Picasso procedentes de museos de la Unión Soviética.

Al mismo tiempo, la Colección Thyssen-Bornemisza había comenzado a viajar y a poder ser vista en museos y colecciones. Tras realizar varias exposiciones de Maestros Antiguos en los principales museos del mundo, el barón decidió enseñar también las nuevas adquisiciones de pintores del siglo XX. Para ello volvió a dirigirse a Ketterer y le pidió ayuda con la que fue su primera exposición de Maestros Modernos en la Kunsthalle de Bremen. Por deseo expreso del barón, Ketterer realizó la selección de obras y diseñó el catálogo. Celebrada entre febrero y marzo de 1975, en ella pudo comprobarse la intensa actividad coleccionista del barón. Entre las pinturas expuestas se encontraban, además de las de sus queridos pintores expresionistas, las de surrealistas como Miró, Dalí, Tanguy o Max Ernst e incluso artistas ligados a las corrientes informalistas de la segunda mitad del siglo como Vieira da Silva.

En 1987 entró en la colección la última obra vendida por Ketterer al barón. Se trataba de La cala de Ernst Ludwig Kirchner, un pintor por el que ambos sentían pasión. A partir de entonces los esfuerzos del barón se centraron en encontrar un hogar permanente para su colección, mientras que Ketterer promovió lo mismo para el ingente legado de Kirchner. Gracias al empeño de estos dos grandes apasionados del arte hoy podemos disfrutar del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid y del Museum Kirchner de Davos.

Ernst Ludwig Kirchner. La cala, c. 1914. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Notas

1 Nos gustaría agradecer a Jérôme Faller de la Galerie Henze & Ketterer de Wichtrach/Berna su colaboración en la información relativa a la vida de Roman Norbert Ketterer.
2 Una copia del documento en el que se anuncia la concesión de la Cruz del Mérito se encuentra en los archivos del Museo Thyssen-Bornemisza. Fue enviada por Ketterer al barón con una carta de acompañamiento fechada en Campione d’Italia el 2 de abril de 1981.
3 Alemania capituló cuatro días más tarde, el 7 de mayo de 1945.
4 En Paloma Alarcó: Museo Thyssen-Bornemisza. Pintura Moderna. Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, 2009, p. 20.
5 Ingeborg Henze-Ketterer … [et al.]: “In memoriam Roman Norbert Ketterer”. En Ernst Ludwig Kirchner. Der Frühe Holzschnitt 1904 bis 1908. Wichtrach – Berna, Galerie Henze & Ketterer, 2003, p. 5
6 Tras la muerte del artista, su legado permaneció en la casa de Frauenkirch que compartía con Erna Schilling. Cuando en 1945 Schilling falleció, todo fue trasladado al Kunstmuseum de Basilea, donde su director Georg Schmidt, se encargó de realizar su inventario. El sello de la sucesión data de esa época. Cuando en 1954 murió Walter Kirchner, sobrino del artista, los herederos nombraron a Ketterer el administrador de la Sucesión.
7 Rudolf Zwirner: “Die Entwicklung des Kunsthandels nach 1945. Teil 1. Der Europäisch-Amerikanische Dialog. 9 de junio de 2006. En http://www.artnet.de/magazine/die-entwicklung-des-kunsthandels-nach-1945-teil-1/
8 La muestra estuvo expuesta, siguiendo el orden cronológico, en: Kunsthalle Bremen, Kunstverein de Hannover, Gemeentemuseum de La Haya, Wallraf-Richartz Museum de Colonia y Kunsthaus Zürich. Estaba compuesta por 160 obras de Ernst Ludwig Kirchner, Erich Heckel, Karl Schmidt-Rottluff, Max Pechstein y Otto Müller.
9 Javier Arnaldo afirma que “el conocimiento de la colección de Roman Norbert Ketterer […] fue determinante para el barón” en “Recomponiendo la experiencia artística de Brücke”. En Aya Soika (ed.): Expresionismo Brücke. [Actas symposium, 31 marzo-2 abril de 2005]. Madrid, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, 2005, p. 15.
10 Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza: “German Expressionism. A Personal Choice”. En Apollo. Vol. CXVIII, n. 257, julio 1983, p. 76.
11 Dicha biblioteca se encuentra hoy depositada en la Biblioteca del Museo Thyssen-Bornemisza.
12 Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, op. cit., p. 76.
13 Descrito en Peter Vergo: Twentieth-century German painting. The Thyssen-Bornemisza Collection. Londres, Sotheby’s Publications, 1992, p. 316.
14 Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, op. cit., p. 76.
15 Así lo ha señalado Paloma Alarcó, op. cit., p. 21.
16 Roman Norbert Ketterer: Legenden am Auktionspult. Die Wiederentdeckung des deutschen Expressionismus. Gerd Presler (ed.). Múnich, Ketterer Kunst Verlag, 1999, p. 244.
17 Roman Norbert Ketterer: Dialoge. Stuttgart – Zúrich, Belser, 1988, vol. 1, p. 176.
18 Roman Norbert Ketterer 1988, op. cit., vol. 1, p. 191.
19 Casi la mitad de las obras expresionistas que hoy se exhiben en las salas del Museo Thyssen, fueron adquiridas a través de Ketterer.
20 Roman Norbert Ketterer 1988, op. cit., vol. 1, pp. 192-198.
21 Palabras del barón en Roman Norbert Ketterer 1988, op. cit., vol. 1, p. 180.





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