La exposición "Contextos de la Colección Permanente 13" está dedicada a una obra maestra del Barroco: Venus y Cupido de Rubens [cat. nº. 1].

Tiziano/Rubens
La fuente de inspiración para Rubens fue un lienzo de Tiziano, perdido durante el siglo XIX, que formó parte de las colecciones reales españolas. Este lienzo, copiado por Rubens durante una de sus estancias en la corte madrileña, es conocido a través  de otras versiones que se han conservado.  La que se considera más cercana a la pintura  perdida, y la de mayor calidad, es el óleo de  la National Gallery de Washington [cat. nº. 2].  La contemplación simultánea de ambos lienzos  ofrece la posibilidad de estudiar las diferencias interpretativas y estilísticas entre estos artistas.

El tema iconográfico
Tiziano sintió un interés temprano por la figura de Venus, como lo demuestra su terminación de la obra maestra de Giorgione, Venus dormida, que se conserva en el Museo de Dresde. Pero el precedente más claro de su Venus ante el espejo es la famosa Mujer desnuda ante un espejo de Bellini. La pintura de Bellini, conservada en el Kunsthistorisches Museum de Viena, constituye el ejemplo más temprano de asociación entre la belleza femenina y el espejo. De esta obra se expone una versión antigua procedente de una colección privada [cat. nº. 5].

Venus y el espejo
En el Renacimiento y el Barroco, Venus ante el espejo fue un tema idóneo para que los artistas expusieran sus puntos de vista sobre el arte, la belleza y la creación artística. Los sentidos corporales, el papel de la vista como desveladora de la realidad y lo bello, o la superioridad de la pintura sobre el resto de las artes, fueron conceptos que se vertieron a través de esta iconografía que, además, aparece referida más o menos explícitamente en los tratados de arte y escritos de estética de estos siglos.

El espejo
El espejo juega en esta iconografía un papel tan esencial como Venus. Éste, además de ser un instrumento que multiplica la visión de los objetos y juega con refiejos y efectos de luz que permiten al artista exhibir su virtuosismo, se usa también como alegoría moral, recordando al espectador la fugacidad de la belleza. Puede ser también atributo de la prudencia, de la verdad, de la vanidad o de la lujuria. Así en la obra de Simon Vouet [cat. nº. 9] el espejo es atributo imprescindible de la figura femenina que, mirándose en él, simboliza la Prudencia. En la copia antigua de la obra perdida de Georges La Tour [cat. nº. 10], este espejo se transforma en un medio que permite a María Magdalena meditar silenciosamente sobre la muerte. En el autorretrato de Giovanni Girolamo Savoldo [cat. nº. 6], el múltiple reflejo del personaje creado por varios espejos habla de la pintura como el arte más adecuado para representar la naturaleza desde múltiples puntos de vista. El espejo en el cuadro de Hans von Aachen [cat. nº. 8] pretende teñir la belleza femenina de un matiz burlesco; transformándose en cotidiano e intimista, en la tabla de Gerard ter Borch [cat. nº. 7]. Con Aníbal Carracci [cat. nº. 3] se interpreta el asunto desde un punto de vista clásico: Venus simboliza la atracción, el deseo y la contemplación, y su mirada al espejo es una alegoría de los refinamientos y sofisticaciones inherentes a la belleza. Las tres Gracias, que engalanan en esta pintura a la diosa, se encuentran asociadas al propio objeto en el espejo romano procedente del North Carolina Museum of Art [cat. nº. 4]. El interés por el espejo se extiende también al arte contemporáneo. Así sucede en la pintura de Max Beckmann [cat. nº. 11] en la que una Venus moderna, pero de inspiración arcaica asociada al dios Marte, se concibe de forma diametralmente opuesta al ideal renacentista y barroco.