Hiperrealismo. 1967-2012
Del 22 de marzo al 9 de junio de 2013
Se recomienda la compra anticipada de entradas
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Nueva instalación de la colección permanente
Del 26 de febrero al 10 de junio de 2013
Giovanni Francesco Barbieri nació en Cento, cerca de Ferrara, en la provincia de Emilia. Desde temprana edad fue conocido por el apodo de Guercino, debido al estrabismo que padecía. A pesar de que recibió algunas lecciones básicas de dibujo en Cento, su formación inicial fue autodidacta. A la edad de dieciséis años entró como aprendiz en el taller del pintor local Benedetto Gennari el Viejo, con quien trabajó hasta 1610, fecha de su muerte. Sus obras juveniles acusan las influencias de los centros artísticos de Ferrara y Bolonia, en especial de las obras de Scarsellino, Carlo Bononi y los Carracci. En 1613, y gracias a la intervención de su amigo y protector el padre Antonio Mirandola, consiguió su primer encargo público importante, La Gloria de Todos los Santos, para el altar de la iglesia de Santo Spirito, en Cento, al que siguieron otras destacadas solicitudes privadas, como los frescos de la casa Provenzale y la casa Panini, ambas en su ciudad natal. Entre su clientela se encontraban algunos de los más influyentes mecenas de Italia, como Cosimo II, duque de Toscana, el cardenal Alessandro Ludovisi, el cardenal Jacopo Serra y Ferdinando Gonzaga, duque de Mantua
En. 1621, cuando el cardenal Ludovisi se convirtió en el papa Gregorio XV, Guercino se trasladó a Roma donde pintó El entierro de santa Petronila para uno de los altares de San Pedro, así como otros encargos eclesiásticos y privados para los Ludovisi. A pesar de que su estancia en Roma tan sólo duró los dos años del papado de Gregorio XV, su pintura sufrió una transformación significativa: su estilo naturalista dejó paso a un lenguaje clasicista basado en la forma, y a una paleta más clara que muestra influencias de Guido Reni. Regresó a Cento, donde permaneció hasta 1642, año en el que se estableció en Bolonia. Durante la última etapa de su carrera, el Guercino gozó de un gran reconocimiento y de fama internacional, siendo visitado, en 1655, por la reina Cristina de Suecia. De estos años son sus reconocidas obras el Atlas (Florencia, Museo Bardini), pintado para Lorenzo de Medici, y Santo Tomás de Aquino, de la iglesia de San Domenico de Bolonia
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