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Alma-Tadema y la pintura victoriana
en la Colección de Pérez Simón

Del 25 de junio al 12 de octubre de 2014 (prorrogada)



Autor:
Sir Lawrence Alma-Tadema
Título:
Las rosas de Heliogábalo (detalle)
Fecha:
1888
Técnica:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
132,7 x 214,4 cm

Ubicacion:
Colección Pérez Simón, México

Carmen en las colecciones españolas

Del 7 de octubre al 9 de noviembre de 2014

Exposición en colaboración. Acceso gratuito



Autor:
Pablo Picasso
Título:
Ilustración para Le Carmen des Carmen de Prosper Mérimée y Louis Aragon
Fecha:
1964
Ubicacion:
Colección Bancaja, Valencia
© Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2014

Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Autor:
Eastman Johnson
Título:
El campamento para la fabricación de azúcar de arce. La despedida
Fecha:
c. 1865-1873
Técnica:
Óleo sobre tabla
Medidas:
25,7 x 57,4 cm
Úbicacion:
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza
Numero de inventario
Nº INV. (CTB.1981.51)

Más información sobre esta obra




Eastman Johnson se crió en Maine, donde comenzó su carrera como retratista. Pasó seis años viajando y estudiando por Europa y luego regresó a Estados Unidos, dirigiéndose hacia el oeste y posteriormente hacia el sur, en busca de oportunidades y temas de inspiración. En 1859 terminó un cuadro de grandes dimensiones titulado La vida de los negros en el sur (New York Historical Society), que lo consagró como autor de cuadros de género de gran popularidad. Parece ser que en 1860 llegó a un momento decisivo de su carrera y empezó a reivindicar su identidad como oriundo de Nueva Inglaterra, en su vida tanto profesional como privada. Aquel verano, y en muchas otras ocasiones durante toda la década, regresó a su Fryeburg (Maine) natal, donde encontraría los temas rurales que le dieron justa fama. En primer lugar practicó con una escena de desgranado de maíz, pero cuando regresó en el otoño de 1861 fue con la intención de pintar un campamento para la fabricación de azúcar de arce. Hizo bocetos de figuras individuales y en pequeños grupos mientras sangraban los árboles o hervían la savia, que luego pensaba utilizar en un gran cuadro panorámico que abarcaría todas las fases de la producción. Todo parece indicar que se trataría de un lienzo final de grandes dimensiones, una magna síntesis de las labores relacionadas con su estado natal. No se sabe si por falta de patrocinador o por otros motivos, pero el caso es que nunca llegó a ejecutarlo. Sin embargo, cuando murió, dejó al menos cuarenta estudios individuales, lo que da idea de la naturaleza de tan ambicioso proyecto.

Pintado sobre una tabla de una anchura casi el doble de su altura, el cuadro El campamento para la fabricación de azúcar de arce. La despedida es una composición con numerosas figuras, en diferentes etapas de la tarea. A la derecha vemos el barracón y la tina de hacer el azúcar; a la izquierda, un montón de leños que constituyen el punto de mira donde un grupo de personajes están sentados y contemplan la «acción». Otras viñetas de menor tamaño sugieren este tipo de relajada interacción que era distintiva de la vida en el campo. En el extremo izquierdo están representados dos hombres sentados en un banco bajo un árbol, charlando; los niños juegan por doquier mientras otros hombres y mujeres comen, beben y se solazan. A diferencia de otras representaciones de esta serie, que proporcionan imágenes detalladas de individuos y equipos, El campamento para la fabricación de azúcar de arce. La despedida es un cuadro abocetado, con las figuras y las estructuras someramente indicadas. Lo que Johnson capta aquí con singular habilidad es más bien la impresión de los bosques de Maine a finales del otoño, con manchas aisladas de nieve en el suelo y el ambiente brumoso que anuncian la proximidad del invierno en Nueva Inglaterra.

Tradicionalmente se han interpretado estos cuadros de Johnson como felices escenas rurales, evasiones emocionales para el artista y para su público durante los años de la guerra civil. Sin embargo, en los últimos tiempos los especialistas han empezado a detectar fisuras en el tejido de este trabajo comunitario. Qué duda cabe de la importancia de los ingresos que el azúcar de arce proporcionaba a las poblaciones rurales, pero en el cuadro no aparece ninguno de los modernos dispositivos tecnológicos de los que por aquel entonces se disponía -grúas para levantar las calderas, artesas para almacenar el jarabe. Además, el azúcar de arce era un ingrediente del whisky, y en el cuadro vemos a algunos hombres echando un trago subrepticiamente, cosa que tal vez signifique cierta falta de valores en las comunidades rurales. No obstante, estos detalles aparecen de forma muy velada, para no perturbar drásticamente el ideal de que estamos ante ciudadanos libres que trabajan en armonía en el marco de la naturaleza.

Katherine E. Manthorne

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