Hiperrealismo. 1967-2012
Del 22 de marzo al 9 de junio de 2013
Se recomienda la compra anticipada de entradas
< miradas cruzadas > 5: Juego de interiores. La mujer y lo cotidiano
Nueva instalación de la colección permanente
Del 26 de febrero al 10 de junio de 2013
La identidad de Antonio Amorosi fue redescubierta por Roberto Longhi en un artículo publicado en 1938 en el que aisló su personalidad de la del artista danés Bernhard Keil (1624-1687), pintor al que estaban atribuidos gran parte de los trabajos de Amorosi. Al estudio de Longhi siguieron otros, como los de Eugenio Battisti y Ana Maria Rybko, así como la monografía de Claudio Maggini. Estas publicaciones, además de profundizar en la vida de Amorosi, reconstruyeron parte de su catálogo artístico, capítulo que todavía está por cerrar.
Antonio Amorosi se formó en Roma en el taller de Giuseppe Ghezzi (1634-1721), donde estuvo once años: entre 1676 y 1687Aunque. trabajó también la pintura religiosa, de la que nos han quedado ejemplos en Civitavecchia y Roma, fue sobre todo un pintor de género, modalidad en la que destacó y dejó lo mejor y más interesante de su producción. Precisamente su primer óleo conocido hasta la fecha es el retrato de un niño, datado hacia 1690 y registrado en una colección privada de Nueva York.
Es evidente que en este apartado de la pintura de género es en el que hay que situar el lienzo de la colección Thyssen-Bornemisza, considerado uno de los mejores ejemplos que ilustran dicha faceta del pintor. Amorosi coloca a su modelo de medio cuerpo, recibiendo el foco de luz por su derecha. La figura, con la mirada baja, concentrada en su labor, tiene el rostro y el cuello iluminados con suaves contrastes, a diferencia del cuerpo, donde la luz se proyecta de manera más homogénea. El artista opta por un fondo negro del que emerge eficazmente la silueta de esta hacendosa joven. El óleo reúne características típicas de Amorosi reseñadas por Maggini, como el tratamiento realista del rostro, que se atenúa con una delicada elegancia, y está ejecutado con pincelada suelta. Amorosi pintó a los niños en actividades cotidianas, y pese a las labores que desempeñan, siempre consigue inculcarles un aura idílica.
El artista pudo inspirarse para este tipo de composiciones en los trabajos de los Bamboccianti y, más concretamente, por la proximidad cronológica, en los de Donato Creti (1671-1749) y Bernhard Keil, como subrayó Roberto Contini.
Este lienzo hace pareja con la obra titulada Vendedor de tapices, perteneciente a la colección de los herederos Thyssen-Bornemisza; en ella apreciamos las mismas particularidades que hemos reseñado unas líneas antes y que afectan a la construcción del rostro y de la figura, aunque en este caso Amorosi eligió un potente haz de luz para iluminar al muchacho. En el Nationalmuseet de Estocolmo se conserva el retrato de una niña con una ejecución similar a la de nuestro óleo. La pintura ingresó en la colección Thyssen-Bornemisza en 1979, procedente de una colección privada inglesa.
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