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Alma-Tadema y la pintura victoriana
en la Colección de Pérez Simón

Del 25 de junio al 12 de octubre de 2014 (prorrogada)



Autor:
Sir Lawrence Alma-Tadema
Título:
Las rosas de Heliogábalo (detalle)
Fecha:
1888
Técnica:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
132,7 x 214,4 cm

Ubicacion:
Colección Pérez Simón, México

Carmen en las colecciones españolas

Del 7 de octubre al 9 de noviembre de 2014

Exposición en colaboración. Acceso gratuito



Autor:
Pablo Picasso
Título:
Ilustración para Le Carmen des Carmen de Prosper Mérimée y Louis Aragon
Fecha:
1964
Ubicacion:
Colección Bancaja, Valencia
© Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2014

Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Autor:
Gabriele Münter
Título:
Vista desde la casa del hermano de la artista, Bonn
Fecha:
1908
Técnica:
Óleo sobre cartón
Medidas:
47,2 x 33,6 cm
Úbicacion:
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza
Numero de inventario
Nº INV. (CTB.1999.52)

Más información sobre esta obra




De camino desde Suiza a Berlín a primeros de septiembre de 1907, Gabriele Münter y Wassily Kandinsky hicieron una breve visita al hermano de ella, Carl «Charlie» Theodor Münter, en Bonn. Durante la estancia, Münter hizo apuntes de la vista desde el balcón de la casa en la que se veía la calle que había delante, con su hilera de árboles; posteriormente utilizó estos apuntes como base del cuadro que aquí comentamos, que terminó en Berlín a principios de 1908. Parece ser que le regaló el cuadro a su hermano y nunca lo expuso. Como era un recuerdo de los días que pasó en casa de éste, el cuadro simboliza los vínculos entre ambos y es por lo tanto una manifestación y una imagen más privada que pública.

Münter pintó pocos cuadros en 1908 antes de que ella y Kandinsky fueran a Murnau en agosto. Por ello Vista desde la casa del hermano de la artista ofrece un insólito testimonio de la transformación que por aquel entonces experimentó su obra. Conserva el planteamiento del Impresionismo tardío modificado al que la artista había recurrido desde 1903. Los árboles que se alinean a lo largo de la calle están ejecutados con pequeños toques de pintura, mojando el pincel en varios colores al mismo tiempo para conferir variedad y riqueza de matices a cada pincelada. Sin embargo, junto a estas zonas punteadas, la calle y las paredes de los edificios están pintadas con largas pinceladas sistemáticamente paralelas para definir superficies verticales o diagonales que se van alejando. Se diría que cada uno de los objetos del cuadro exige su propio estilo interpretativo, ofreciendo una construcción compositiva disyuntiva que, sin embargo, conserva un evidente sentido de unidad cohesiva.

Lo que más se destaca en la imagen es la verja y la enredadera entrelazada en ella, que ocupan el tercio inferior de la composición. Las fachadas de las casas, blancas y doradas, vinculadas al fragmento gris del balcón de la casa de Münter a la derecha, suponen no obstante un marco de planos, un encuadre que da realce a la calle, a la hilera de árboles y a la sensación que éstos dan de profundidad espacial. De este modo, Münter consigue una composición controlada en la que sus diversos componentes interactúan sutilmente.

Los colores que utiliza Münter en esta obra juegan con la estructura compositiva de manera nada convencional. Los tonos intensos azules y verdes, salpicados de vivas pinceladas de rojo y ocre dorado, dominan toda la parte inferior de la verja y la calle, contrarrestando su calidad perceptiva de profundidad al definir el primer plano. Los rojos dorados, los verdes oscuros y las tonalidades anaranjadas, colores sorprendentemente otoñales en una obra en la que se plasma un día de finales del verano, marcan la hilera de árboles que ocupa el centro de la composición. Y por detrás de ellos se levantan los luminosos edificios blancos y amarillos, con sus fachadas bañadas por el sol y sus filas de ventanas en azul oscuro que guían la mirada hacia delante en tanto que la superficie plana y azul pálida del cielo se hace eco de la franja horizontal de la verja cubierta de enredadera que se ve en la parte inferior de la escena.

El refinamiento de la composición y del tratamiento cromático que Münter da a este óleo superan notablemente la calidad de sus obras anteriores. Mientras que algunos aspectos de su nuevo planteamiento en Berlín recuerdan los cuadros de Vuillard que había admirado en París, la utilización tan perfeccionada de la escena de la calle de Bonn deriva más directamente de los propios grabados de la artista, hechos en linóleo y con color, a los que se dedicó intensamente durante el año 1907 y principios de 1908. En ellos se define la sencilla pero sutil orquestación de masas, colores y espacios que aplicará en este cuadro y que son el germen de su estilo pictórico expresionista de madurez. Haciendo gala de una reducción todavía más radical de los elementos y un uso de unos contrastes tonales antinaturalistas, así como de una mayor disyunción de las unidades compositivas, signos que caracterizan su expresionismo, en 1911, durante otra estancia en casa de su hermano, Münter representó lo que se veía desde la ventana en un segundo cuadro, como para reafirmar para sí misma el papel fundamental que el óleo de 1907 había desempeñado en la evolución de su arte.

Reinhold Heller

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