Hiperrealismo. 1967-2012
Del 22 de marzo al 9 de junio de 2013
Se recomienda la compra anticipada de entradas
< miradas cruzadas > 5: Juego de interiores. La mujer y lo cotidiano
Nueva instalación de la colección permanente
Del 26 de febrero al 10 de junio de 2013
A mediados de septiembre de 1913 se publica en Gerona, en la imprenta Rafael Masó, una obra de Joaquín Torres-García titulada Notes sobre art, recopilación de textos sobre cuestiones estéticas que habían aparecido previamente en periódicos, sobre todo en La Veu de Catalunya. Este libro es el primero de una larga serie de obras del pintor. Resume lo que supuso la evolución del pintor uruguayo desde sus primeras armas en el terreno de la ilustración en Barcelona, en la época del Noucentisme. «El arte más puro», escribía en uno de los capítulos titulado «Intellectualisme. de l'art», «el arte intelectual, el arte verdaderamente ideal, procede también del lado de la razón. Ya que sin medida y proporción, ordenación y lógica, no podemos concebir una obra perfecta []. El artista-bohemio, el artista-romántico, el artista instintivo, en fin, el artista prosaico o inculto, tiene que dejar su lugar al artista-filósofo». Hacía varios años que Torres-García había adoptado claramente esta postura de artista-filósofo, en pos de los mismos ideales que defendía Eugeni d'Ors y los promotores del Noucentisme, que convertían a Cataluña, país latino, en estandarte de la tradición cultural mediterránea. En 1911, el presidente de la Mancomunitat, Prat de la Riba, le encarga la decoración al fresco del salón de gala del Palau de la Generalitat, el Salò de Sant Jordi, amplia sala exterior que constituye una especie de salón de los pasos perdidos. El pintor se compromete a llevar a cabo la obra con gran entusiasmo. En 1912 realiza un viaje a Italia para estudiar la técnica de la pintura al fresco y el 28 de julio de 1913 comienza a pintar el primer fresco, La Catalunya eterna; este dibujo es un boceto para el mismo. La composición se organiza en torno a un árbol del que pende un escudo con las armas de Cataluña. Este árbol milenario, frondoso y protector, símbolo de la vida y de la regeneración, es el de la patria, el de la Cataluña eterna, cantada por poetas y filósofos, tomado como ejemplo en el discurso político nacionalista de aquella época. Torras i Bages, uno de los pilares del pensamiento nacionalista de aquellos años, al que el pintor admiraba profundamente, hacía referencia al mismo en La tradició catalana, obra publicada en Barcelona en 1892: «Las variaciones del tiempo pueden menguar este magnífico florecimiento de nuestra tierra; mas hasta que el rico caudal del espíritu persevere, el árbol de la patria será como el de Horacio que, variando las estaciones, pierde la hoja para quedarse vestido de otra nueva, igual pero más hermosa»
El. árbol está flanqueado por dos figuras femeninas. Una, que vela sobre un hogar, representa «la Tradición y la llama pura e inextinguible de la lengua», como declaró Torres en una entrevista concedida a Vicente Solé de Sojo, publicada en El Día Gráfico del 24 de diciembre de 1913. Lleva la cabeza cubierta por un velo, como se representaba a la diosa romana Vesta o a la griega Hestia, cuya misión consistía en proteger día y noche el fuego del hogar: en este caso la llama de Cataluña. La lengua está simbolizada por la pluma y el pergamino que sostiene la vestal y por la inscripción «verb», que se puede leer sobre el frontispicio del hogar. La otra mujer en pie recuerda a la Palas Atenea griega, con casco, escudo y lanza, divinidad guerrera protectora de Atenas, defensora de las causas justas pero, sobre todo, diosa de la sabiduría y del pensamiento que dirige la actividad intelectual. Se la relacionará con una de las obras maestras noucentistas de Torres, su gran composición clásica Palas presentando a la Filosofía como décima Musa en el Helicón, cuadro de 1911 que tituló Filosofia Xa Musa y que perteneció a Eugeni d'Ors. Torres-García había reivindicado el papel de la «enseñanza especulativa» y, más concretamente, de la filosofía en su artículo «La nostra ordenació; el nostre camí», que se publicó en abril de 1907 en el periódico Empori, cuyas ideas desarrollará en 1915 en su libro Diàlegs: «Si el arte tiene como objeto buscar las cosas eternas, ¿cuáles has de elegir de entre éstas? La Tradición ha de estar compuesta por todo lo que, en nuestro universo, está de acuerdo con la Tierra, no con los hombres o sus obras, cuando éstas no están en armonía con la Tierra. Contemplad ahora la Tierra y el Mar. ¿Qué os dicen? Os dicen lo que ya os hemos dicho: de ese mar tan azul y de esa espuma inmaculada podría volver a nacer Afrodita []. bajo esa parra, se sentiría a gusto el alegre Dioniso; las columnas del templo están en perfecta armonía con los troncos de los pinos, hermosos como los de la luminosa Italia; y ese olivo, ¿no es acaso el árbol de Palas?».
Emmanuel Guigon
Camiseta Autorretrato (Talla L)
Agregar al carrito
Camiseta Condesa de Dartmouth (Talla M)
Agregar al carrito
Jarrón azul Morandi
Agregar al carrito
Maletín Delaunay
Agregar al carrito
Collar El Quimono
Agregar al carrito
Catálogo de la exposición Hiperrealismo 1967-2012
Agregar al carrito
Botellas y Jarrones Paul Klee
Agregar al carrito
Colgante Vincent van Gogh
Agregar al carrito
Jarrón blanco Morandi
Agregar al carrito
Bolso de lino Paul Klee
Agregar al carrito
Gemelos Vespa azul
Agregar al carrito
Jarrón amarillo Morandi
Agregar al carrito
Bolsa Cabinas Telefónicas
Agregar al carrito
Bolso Wayuu grande
Agregar al carrito
Gemelos Vespa roja
Agregar al carrito
© 2009 Museo Thyssen-Bornemisza
Paseo del Prado 8, 28014 Madrid, España