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Del 10 de junio al 14 de septiembre de 2014

Entradas a la venta



Autor:
Roy Lichtenstein
Título:
Look Mickey (detalle)
Fecha:
1961
Óleo sobre lienzo
Medidas:
121,9 x 175,3 cm

Ubicacion:
National Gallery of Art, Washington.
Donación de Roy y Dorothy Lichtenstein

Alma-Tadema y la pintura victoriana
en la Colección de Pérez Simón

Del 25 de junio al 12 de octubre de 2014 (prorrogada)



Autor:
Sir Lawrence Alma-Tadema
Título:
Las rosas de Heliogábalo (detalle)
Fecha:
1888
Técnica:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
132,7 x 214,4 cm

Ubicacion:
Colección Pérez Simón, México

Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Autor:
Atkinson Grimshaw
Título:
Canny Glasgow
Fecha:
1887
Técnica:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
61 x 91,5 cm
Úbicacion:
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza
Numero de inventario
Nº INV. (CTB.1990.10)

Más información sobre esta obra




Esta es una de las últimas creaciones de John Atkinson Grimshaw, que dedicó toda su vida a la pintura y que opinaba: «La música (excepto la composición) es efímera. El Arte (la pintura y los demás géneros) es eterno, en términos relativos».

A principios de la década de 1880, J. A. Grimshaw empezó a pintar un gran número de obras, estudiando nuevos temas y ampliando sus motivos de inspiración, entre los que incluiría el Támesis, los centros urbanos y una buena cantidad de escenas portuarias.

Sus cuadros de esos años fueron sumamente populares, por su precisa evocación de la Inglaterra de la última etapa victoriana; el artista tenía una larga lista de clientes a la espera de adquirir obras suyas. Había tanta demanda para las escenas de puertos que un marchante de nombre Jackson le dijo a Grimshaw que estaba dispuesto a adquirir todas las que pudiera pintar.

A lo largo del siglo XVIII, Glasgow había conocido un gran desarrollo, llegando a ser la segunda ciudad de Escocia, después de Edimburgo. Se realizaron grandes inversiones urbanísticas y arquitectónicas, creándose el ensanche de la New Town, con el propósito de erradicar los incómodos restos de la ciudad medieval. El río Clyde tenía muy poca profundidad por lo que los barcos de grandes dimensiones no podían remontarlo hasta Glasgow. En 1770, como parte del proyecto de mejora de la ciudad, los ingenieros John y James Golborne acometieron la fase inicial de un ambicioso proyecto de ampliación y excavación del lecho del río, para hacerlo navegable para buques mercantes de gran calado. De este modo, Glasgow adquirió categoría de gran puerto de mar y, ya en el siglo XIX, era el principal puerto de Escocia.

El cuadro que aquí comentamos capta la actividad y el ambiente singulares del puerto de Glasgow en el siglo XIX, con los mástiles y arboladuras trazando dibujos geométricos sobre el cielo: «La arboladura produce un efecto de gran riqueza y movimiento, en el que las líneas se hunden en la superficie del fondo. El horizonte y la distancia se disuelven en la oscuridad envolvente, y hasta el barro de la calle está pintado minuciosamente, para que capte la luz de los faroles y de los escaparates de las tiendas. Las habituales figuras y carruajes de Grimshaw están trazadas de manera espontánea y directa. El artista ha conseguido una insólita impresión de tiempo y lugar, una escena de la vida moderna que, no obstante, tiene una calidad de distancia y misterio».

Canny Glasgow es un impresionante fragmento histórico, testimonio visual de la vida y la obra de los ciudadanos en 1887. Transmite a la perfección el planteamiento de Grimshaw frente a la naturaleza y el arte, resumido en las palabras de Whistler en su conferencia titulada Ten O'Clock: «Y cuando la bruma del atardecer viste la ribera de poesía, como si la velara, y los pobres edificios se difuminan en el oscuro cielo, y las altas chimeneas se truecan en campanarios, y los almacenes son palacios en la noche, y toda la ciudad queda colgada del cielo, y lo que tenemos ante nuestro ojos es un país de hadas, entonces los caminantes se dirigen a casa; el obrero y el hombre cultivado, el sabio y el amante de los placeres dejan de comprender, como han dejado de ver, y la naturaleza, que, por una vez, ha cantado sin desafinar, entona su exquisita melodía sólo para el artista, su hijo y su amo: su hijo porque la ama, su amo porque la conoce [...]».

Nicole Ayton

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