Hiperrealismo. 1967-2012
Del 22 de marzo al 9 de junio de 2013
Se recomienda la compra anticipada de entradas
< miradas cruzadas > 5: Juego de interiores. La mujer y lo cotidiano
Nueva instalación de la colección permanente
Del 26 de febrero al 10 de junio de 2013
La amplia galería de autorretratos que nos ha dejado el pintor alemán Max Beckmann permite rastrear los abruptos cambios de su agitada vida y su extensa obra. En este Autorretrato con la mano levantada , uno de los más precoces, que pintó durante el verano de 1908 en Hermsdorf , el barrio del norte de Berlín donde estaba situado su estudio, nos muestra una potente imagen del artista a la edad de veinticuatro años. Su carácter inacabado, con algunas partes del lienzo a la vista, acentúa la factura suelta y empastada que lo pone en relación con los pintores alemanes de la órbita impresionista, como Max Liebermann, Lovis Corinth o Max Slevogt .
Aunque en la obra de Beckmann predominan los autorretratos de cuerpo entero o de tres cuartos, en esta ocasión el artista se representa ligeramente por debajo de los hombros, con una frontalidad extrema que le permite mirarnos fijamente con su interpeladora mirada, mientras levanta su mano izquierda. Peter Vergo relaciona este expresivo ademán con otros retratos expresionistas del momento, en especial los de Egon Schiele, aunque el de Beckmann es un retrato mucho más contenido . Algunos autores vinculan la postura de la mano con el gesto de sujetar el pincel, aunque tal vez la intención del artista fuera representarse fumando un cigarrillo, como había hecho el año anterior en su Autorretrato en Florencia o como haría en tantos otros autorretratos posteriores, en los que contempla el entorno con arrogancia y expresa su ironía sobre la tediosa vida moderna. Vergo también sugiere la posible influencia de los iconos bizantinos en los que se representaba a Cristo Salvador con un gran hieratismo y la mano levantada bendiciendo . La identificación del artista con Cristo, en la tradición de los autorretratos de Durero , es bastante pertinente para el caso de Beckmann , un artista con una visión épica y heroica de la pintura, que utilizó el autorretrato para mostrarse al mundo como un héroe de proporciones homéricas.
El título con el que se conoce la obra en la actualidad es el que le dio su primer propietario, Reinhard Piper , que adquirió la pintura directamente del artista antes de 1914. Piper, uno de los editores alemanes más importantes de la vanguardia, estrechamente vinculado a los círculos expresionistas del grupo Der Blaue Reiter, para quienes editó tanto su Almanac de 1912 como el ensayo de Kandinsky, Über das Geistige in der Kunst (De lo espiritual en el arte) , mencionaba en su autobiografía: «Adquirí una de las pinturas tempranas [de Beckmann], Autorretrato con la mano levantada, que no está del todo acabada» . La obra fue comprada en 1974 por el coleccionista de arte expresionista alemán Robert Gore Rifkind de Los Ángeles y en 1985 pasó a manos del barón Thyssen-Bornemisza.
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