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Alma-Tadema y la pintura victoriana
en la Colección de Pérez Simón

Del 25 de junio al 12 de octubre de 2014 (prorrogada)



Autor:
Sir Lawrence Alma-Tadema
Título:
Las rosas de Heliogábalo (detalle)
Fecha:
1888
Técnica:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
132,7 x 214,4 cm

Ubicacion:
Colección Pérez Simón, México

Carmen en las colecciones españolas

Del 7 de octubre al 9 de noviembre de 2014

Exposición en colaboración. Acceso gratuito



Autor:
Pablo Picasso
Título:
Ilustración para Le Carmen des Carmen de Prosper Mérimée y Louis Aragon
Fecha:
1964
Ubicacion:
Colección Bancaja, Valencia
© Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2014

Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Autor:
Emil Nolde
Título:
Tarde de verano
Fecha:
1903
Técnica:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
72,5 x 87,5 cm
Úbicacion:
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza
Numero de inventario
Nº INV. (CTB.1995.19)

Más información sobre esta obra




Tarde de verano es uno de los cuadros más bellos e importantes de los pintados por Nolde en 1903, en un período crucial para su desarrollo artístico. En 1902 había decidido cambiar su nombre de familia, Hansen, por el de su población natal, Nolde, una aldea campesina en Schlesswig-Holstein, cerca de la frontera de Dinamarca. Ese mismo año se había casado con Ada Vilstrup. Antes de que acabara el año había muerto su madre. Nolde, cuya niñez había transcurrido en el seno de una familia campesina, deseaba vivir de nuevo en el campo; la fragilidad de la salud de Ada le dio la excusa que necesitaba. En mayo de 1903 se estableció en Notmarskov, en la isla de Alsen; al comienzo del otoño, alquiló una casita de pescadores en Guderup en el sur de la isla. El matrimonio Nolde permaneció allí hasta la primavera del año siguiente. Al llegar a Guderup les visitó Hans Fehr y su mujer; Fehr, un joven profesor universitario, se había convertido durante los últimos meses en cliente y amigo de Nolde.

La estancia en Guderup, en contacto con la comunidad local de pescadores y campesinos, será para Nolde uno de los períodos más felices de su vida. El aislamiento en el ambiente rural de Alsen permitió que empezara a cristalizar su lenguaje pictórico. Si sus primeros cuadros revelan la militancia «nórdica» y las aspiraciones tardorrománticas que el pintor comparte con numerosos escritores y artistas bálticos y alemanes del cambio de siglo, los viajes incesantes que realiza a partir de 1898 (Múnich, Amsterdam, París, Berlín, Copenhague) le permiten conocer el Impresionismo y el Postimpresionismo francés y los movimientos europeos afines. En los cuadros que Nolde pinta en Alsen, la inspiración simbolista cede (aunque nunca desaparecerá del todo) ante la fidelidad empírica y visual. La paleta se aclara, se hace más rica y modulada y adquiere la intensidad emotiva que le va a caracterizar durante el resto de su vida. La imagen de la muchacha vista de espaldas y el efecto de contraluz de Tarde de verano recuerdan todavía la pintura tardorromántica que Nolde practica al comienzo del siglo; pero los tonos tierra, los verdes apagados y los negros ha desaparecido para dar paso a un colorido brillante. A pesar de ello el color no es, como lo era para los impresionistas, primariamente estímulo óptico; trata de ser manifestación de un estado de ánimo, exaltación de sentimientos.

Tarde de verano permaneció durante mucho tiempo en posesión del artista. Varios pasajes de sus escritos autobiográficos se refieren a este cuadro. Así, en Nolde (1976) leemos este recuerdo: «Como en un sueño pasaron volando los meses de verano: pintando y en compañía de nuestros amigos. Estos [los Fehr] se llevaron mi «pescador», primera obra de arte destinada a su vivienda de jóvenes profesores. El cuadro de Ane llevando la carretilla se quedó con nosotros, y las flores que mi Ada había plantado en el borde del camino florecen, todavía hoy, en el cuadro».

Ane, una chica danesa de la isla de Alsen, la muchacha que vemos de espaldas llevando la carretilla en Tarde de verano, era la asistenta doméstica de los Nolde, «Estaba en la edad temprana y más bonita, -escribe Nolde-. Mi Ada, maravillada por su desnuda belleza, se empeñaba en que yo debía mirarla y admirarla; y ella estaba allí, como nacida de la tierra, como la más pura, hermosa y floreciente fortuna. Era sólo una niña [...]. Ella, esa cándida hija de la tierra, ha sido quizá la más bella y despojada manifestación de feminidad auténtica que he visto nunca. Apareció un rudo marinero y cayó sobre el floreciente pecho de la niña. Nunca volvimos a verla ni a oír de ella».

Tomàs Llorens

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