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Alma-Tadema y la pintura victoriana
en la Colección de Pérez Simón

Del 25 de junio al 12 de octubre de 2014 (prorrogada)



Autor:
Sir Lawrence Alma-Tadema
Título:
Las rosas de Heliogábalo (detalle)
Fecha:
1888
Técnica:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
132,7 x 214,4 cm

Ubicacion:
Colección Pérez Simón, México

Carmen en las colecciones españolas

Del 7 de octubre al 9 de noviembre de 2014

Exposición en colaboración. Acceso gratuito



Autor:
Pablo Picasso
Título:
Ilustración para Le Carmen des Carmen de Prosper Mérimée y Louis Aragon
Fecha:
1964
Ubicacion:
Colección Bancaja, Valencia
© Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2014

Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Autor:
Max Pechstein
Título:
Las bañistas
Fecha:
1912
Técnica:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
76,2 x 101,5 cm
Úbicacion:
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza
Numero de inventario
Nº INV. (CTB.2000.67)

Más información sobre esta obra




La salida de Pechstein de Brücke, grupo artístico al que se había unido en 1906, supuso cambios en su estilo. Por ello el año 1912 es un punto de inflexión decisivo en su evolución como artista. Siguió trabajando en sus temas predilectos: paisajes y desnudos. El cuadro que aquí comentamos, Las bañistas, lo ejecutó durante su tercera estancia en Nidden (Kuhrische Nehrung) en septiembre de 1912. No sabemos si Pechstein pintó los desnudos en la playa o si los transfirió al entorno de dunas de arena y pinares dispersos típicos del paisaje de los alrededores de Nidden. En Las bañistas, tenemos dos desnudos femeninos, desplazados ligeramente a la derecha del eje central, en primer término y muy cerca del borde inferior del cuadro. Al igual que tantas otras veces, Pechstein da a estas figuras unos cuerpos voluminosos y rotundos. La mujer sentada a la derecha sostiene en la mano derecha un abanico de grandes dimensiones. El desnudo de la izquierda adopta una posición tumbada, más relajada. El paisaje virgen de Kuhrische Nehrung llena todo el fondo y un cielo azul aparece en la lejanía, sobre el distante horizonte. En muchas zonas del cuadro, Pechstein define el paisaje con rápidas pinceladas; así, los troncos de los árboles y los matorrales están más bien sugeridos que descritos con precisión. Aquí volvemos a hallar el estilo de años anteriores, en los que predominaba el afán del artista por dominar la pintura fauve, imponiéndose la alegría de la creatividad. Los dos desnudos ofrecen un contraste formal con respecto a este modo de expresión espontánea y son ejemplo del estilo maduro que surgió en 1912 y culminó un año después con la fragmentación al estilo cubista de las formas de los objetos alcanzada por Pechstein.

Ya desde 1911 se perciben muestras del empeño del artista por plasmar el cuerpo humano como una estructura totalmente integrada. En consonancia con este cambio estilístico, los desnudos de este cuadro están rotundamente perfilados con una línea negra. Este refuerzo «externo» les confiere una cualidad estática, inanimada, mitigando con ello la vitalidad que late dentro de ellos y moderando el efecto de las formas voluminosas y rotundas. Las bañistas representa un punto de confluencia entre el Expresionismo al estilo fauve de Pechstein y el comienzo de su reacción ante el Cubismo y el arte de Cézanne en 1913. Esta es una de las últimas obras auténticamente expresionistas de Pechstein. En ella confiere al tema del baño -síntesis entre el ser humano y la naturaleza- una intensidad extraordinaria y nueva. Todo se pulsa dentro de una gama de ocres amarillos y verdes. Hasta la piel de las figuras está en armonía con esta gama cromática dominante. Sólo el azul de la lejanía, que halla su eco en el abanico, y el destello de rojo que aparece también en éste, proporcionan los deseados contrastes complementarios. El abanico de exageradas dimensiones parece casi una anomalía en este paisaje idílico. Es la única alusión en el cuadro a la civilización y a la cultura. Y sin embargo no altera la paz de la naturaleza. Los desnudos están libres de todas las restricciones sociales y se nos ofrecen como moradores de un paraíso en la tierra. Y con esta escena del «Paraíso» Pechstein rinde una vez más tributo a los artistas de Brücke y a su búsqueda de la originalidad y la autenticidad.

Magdalena M. Moeller

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