Museo Thyssen Bornemisza

Colección Permanente

Autor:

Tom Wesselmann

Título:
Desnudo n.º 1
Fecha:
1970
Tipo:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
63,5 x 114,5 cm
Úbicacion:
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Numero de inventario
Nº INV. 783 (1974.53)
ficha de la obra

© Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Más información sobre esta obra

Tom Wesselmann fue uno de los principales representantes del pop art americano junto a James Rosenquist y Roy Lichtenstein. A pesar de que el pop era un modo de oponerse a las aspiraciones heroicas del expresionismo abstracto, Wesselmann nunca negó que desde el momento en que contempló la serie de Mujeres de Willem de Kooning en 1953, estas pinturas se convirtieron para él en punto de referencia permanente. En 1964 reconocía ante el crítico Gene Swenson: «De Kooning me proporcionó el contenido y me sirvió de estímulo. Mi obra sale de ahí».

A finales de la década de 1950 inició una serie de pequeños collages de desnudos en un interior, realizados con recortes de revistas, que a partir de 1961 se convertirían en la principal base iconográfica para sus pinturas de la serie Grandes desnudos americanos. Estas modernas odaliscas, pintadas con formas planas y colores brillantes, combinan modelos de la tradición europea del desnudo, como la Olimpia de Manet o los desnudos de Matisse o Modigliani, con elementos cotidianos e imágenes sacadas del cine, la prensa y la televisión, propias de la cultura popular americana.

Este Desnudo n.º 1, de 1970, se acerca a los esquemas de los Grandes desnudos americanos, y nos muestra un primer plano de un desnudo femenino tumbado a lo largo de toda la superficie horizontal del lienzo. Al aplastar la forma del cuerpo contra el plano pictórico, Wesselmann logra crear un cierto efecto abstracto y despersonalizado que contrasta con el tratamiento carnal de las zonas erógenas, el pubis, el pecho prominente y los labios gruesos, que, como en la mayoría de sus composiciones, convierten esta pintura en una alegoría de la mujer como símbolo sexual. Asimismo, los elementos compositivos que acompañan al desnudo, como el retrato fotográfico del pintor, una naranja y un florero de rosas rojas, están relacionados con las pinturas de la serie titulada Dormitorio, de los años anteriores. La inclusión de su propio retrato ha hecho que esta pintura sea interpretada por algunos autores en clave de autorretrato. Por otra parte, la colocación de su retrato junto al cuerpo femenino convierte a este gran desnudo americano en un sueño erótico de masturbación.

Paloma Alarcó