Museo Thyssen Bornemisza

Colección Permanente

Autor:

Willem van Aelst

Título:
Bodegón con frutas
Fecha:
1664
Tipo:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
67,3 x 52,1 cm
Úbicacion:
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Numero de inventario
Nº INV. 1 (1968.1)
ficha de la obra

© Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Más información sobre esta obra

Willem van Aelst se formó con su tío Evert van Aelst en su ciudad natal, Delft, y terminó por especializarse, como su familiar, en bodegones. Con dieciocho años abandonó Holanda y se estableció en Francia, donde estuvo desde 1645 a 1649. Tras esta estancia está documentado en Florencia, entre 1649 y 1656, donde trabajó para el pintor Otto Marseus van Schrieck y recibió encargos del cardenal Giovan Carlo de Médicis; trabajos de esa etapa se encuentran en el Palazzo Pitti. Después de once años fuera de Holanda, Van Aelst regresó a su país, primero a Delft, en 1656, y un año más tarde, en 1657, a Amsterdam, donde se estableció. Willem van Aelst trabajó los floreros con frutas, los bodegones de caza con animales muertos y con armas, y los bodegones con alimentos y servicios de mesa. Sus composiciones mantienen unos esquemas que se repiten a lo largo de su carrera, como los fondos lisos y oscuros contra los que se recortan sus composiciones, el uso de encimeras de mármol veteadas o las telas ricas, especialmente el terciopelo, sobre las que se presentan sus objetos. Van Aelst muestra también una inclinación a llevar sus floreros y principales elementos de sus óleos al borde justo de las encimeras.

En este bodegón, en el que se registra una antigua intervención en su superficie, Aelst repite un esquema típico de su producción pero con algunas modificaciones. Aquí ha utilizado una mesa de mármol veteado gris y marrón de la que tan sólo intuimos una de sus torneadas patas a la izquierda. En la superficie ha extendido una suntuosa tela, tal vez seda por la forma de sus pliegues, sobre la que ha colocado, en el borde mismo del mueble, el florero. El color azul del textil es característico de sus bodegones, así como el fondo sobre el que se recortan con fuerza las ramas y los frutos iluminados con una luz fría.

Van Aelst ha combinado en el recipiente de su florero dos de los materiales que mejor representó en su obra: el cristal y el metal. En ellos muestra su habilidad y su deleite al interpretar unos llamativos efectos de luz. El ramo que muestra en el lienzo no deja de tener su originalidad, ya que en lugar de llamativas flores, se ha optado, como motivo principal, por las ramas de distintas especies de cítricos en las que se exhiben extraordinarios frutos. El volumen y el peso de las frutas nos lleva a imaginar unos gruesos y fortalecidos tallos que, en este caso, se han fundido con el fondo pero que sirven de apoyo a uno de los pájaros con los que se corona el ramo; la incorporación de estos animales fue una de las innovaciones que Van Aelst aportó al tema.

El florero, elaborado tras el establecimiento del pintor en Amsterdam, resume el interés que había en el país por el cultivo de estos frutales, bastante inadecuados para el clima holandés. Gaskell, sobre este punto, alude a la edición en 1676 de un libro donde se mencionaban más de una veintena de especies de cítricos ilustrados con grabados, y que tal vez sea una de las claves para la interpretación del bodegón.

Mar Borobia