Museo Thyssen Bornemisza

Colección Permanente

Autor:

René Magritte

Título:
La Clef des champs
Fecha:
1936
Tipo:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
80 x 60 cm
Úbicacion:
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Numero de inventario
Nº INV. 657 (1976.3)
ficha de la obra

© Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Más información sobre esta obra

«Quienes busquen en mi pintura significados simbólicos no captarán la poesía y el misterio inherentes a la imagen». Para el pintor belga René Magritte, la pintura encierra el misterio de la poesía de lo incongruente. A pesar de ser uno de los mayores representantes del surrealismo internacional, este atípico surrealista belga se apartó deliberadamente del mundo del inconsciente. Su pintura carece de cualquier rastro de romanticismo y está construida con una precisión metódica y casi cerebral. Mediante los enigmas visuales que son sus cuadros, Magritte logró crear una obra de una gran originalidad, en la que con unas imágenes sencillas, y en sí mismas visualmente comprensibles, pintadas con una técnica naturalista, conseguía transmitir significados oscuros y complejos al lograr descubrirnos el lado más misterioso de nuestro entorno.

La Clef des champs (La llave del campo) fue pintada en 1936, cuando la obra de Magritte era ya conocida internacionalmente desde que Alfred Barr la incluyera en la mítica exposición Fantastic Art, Dada, Surrealism, como representante, junto con Dalí y Tanguy, del surrealismo fotográfico. Magritte representa un paisaje enmarcado por una ventana rota a causa de algún impacto y los cristales rotos esparcidos por el suelo están pintados con fragmentos de un paisaje idéntico al del exterior. Utilizando el tradicional tema del cuadro dentro del cuadro, a modo de collage pintado, Magritte se adentra en el mundo de las asociaciones absurdas, como había hecho previamente Max Ernst y parece querer revelarnos que lo que veíamos a través de la ventana no era un paisaje real, sino una imagen pintada en el cristal, aunque idéntica, eso sí, a la del paisaje exterior. El paisaje pintado en los cristales rotos demuestra por tanto que la ilusión y la realidad son una misma cosa. El cuadro fue realizado en el periodo en el que, bajo la influencia de Lewis Carroll, Magritte sustituyó las enigmáticas fórmulas surrealistas por las leyes sin sentido del mundo de Alicia.

David Sylvester, en el catálogo razonado del artista, explica que Magritte intentaba plantear preguntas en torno al problema de la representación de la imagen y en este sentido este lienzo puede considerarse como la continuación del problema de la ventana que ya había tratado tres años antes en La condición humana. José Pierre, en un ensayo sobre el artista, analiza la relación entre ambas composiciones y expone: «En La Condition humaine I (1933), el paisaje pintado sobre la tela del caballete se confunde exactamente con el paisaje que le ha servido de modelo. Entonces surge una pregunta: “Si quitamos la tela, ¿quedará un agujero en el paisaje?”. Encontramos una respuesta indirecta a este interrogante en La Clef des champs (1936): si una piedra rompe el cristal, el paisaje reflejado se hace añicos mientras, fuera, el verdadero paisaje no cambia».

En definitiva, Magritte plantea el problema de la ventana no sólo como alusión al concepto renacentista de la perspectiva en la pintura, sino la ventana como problemática de representación del exterior y del interior: «Lo esencial era eliminar la diferencia entre lo que se ve desde fuera de la ventana y lo que se ve desde dentro», escribía Magritte a Breton en 1934. Christopher Green piensa que en esta pintura también está incluido el tema surrealista del espejo, y la ventana rota sería una invitación al espectador a adentrarse en su interior. Si tenemos en cuenta que para Breton tanto la ventana como el espejo eran imágenes de liberación, y que en francés la clef des champs significa coloquialmente la liberación, la ventana se convierte entonces en el camino de la libertad.

Paloma Alarcó