Museo Thyssen Bornemisza

Colección Permanente

Autor:

Arshile Gorky

Título:
Última pintura (El monje negro)
Fecha:
1948
Tipo:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
78,6 x 101,5 cm
Úbicacion:
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Numero de inventario
Nº INV. 564 (1978.72)
ficha de la obra

© Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Más información sobre esta obra

En su monografía sobre Gorky, el marchante Julien Levy ha desvelado que El monje negro era el lienzo que se encontraba sobre el caballete el día que se suicidó el pintor en julio de 1948 y puede por tanto considerarse como la plasmación del abatimiento de su estado emocional. La iconografía del cuadro responde a la reacción que le produjo a Gorky la lectura del relato de Anton Chéjov El monje negro, escrito en enero de 1894, en el que se narra la degeneración y el delirio de un hombre al que se le aparece un amenazante monje negro para anunciarle que es un genio: «Debajo del balcón, tocaban una serenata, y el monje negro le susurraba que era un genio, y que moría sólo porque su débil cuerpo ya no podía servir de envoltorio al genio». Esta cita, recalcada por Levy, fue considerada por Harry Rand como una nota de suicidio.

Además de esta narración simbólica, el lienzo responde a unas características formales de una gran intensidad emocional. Ha sido ejecutado con rapidez en un estilo gestual y claustrofóbico en el que las grandes manchas negras parecen intimidar a las formas biomórficas, que ya no responden, como en las obras anteriores, a un trazado lineal y delicado, sino gestual y agresivo. Como otras muchas pinturas de Gorky, la complejidad compositiva de El monje negro, la acumulación de formas y figuras que se interaccionan sin perder su identidad, se podría vincular con la tradición de la gran pintura barroca, mientras que el aspecto de óleo inacabado o de boceto agrandado, resultado del modo de separar la línea y el color propio de sus obras tardías (que Clement Greenberg definía como «dibujos coloreados»), le viene de la influencia de Picasso, Matisse y, sobre todo, de Joan Miró. La retrospectiva de este último en el Museum of Modern Art de Nueva York en 1941 le dio a Gorky la clave para resolver plásticamente la tensión entre su deseo de espontaneidad y su necesidad de clarificar sus composiciones. Si bien la influencia de los surrealistas afincados en Nueva York sobre la imaginería fantástica de Gorky está sobradamente probada, sería el artista catalán quien le revelaría que podía «dibujar» en negro sobre el lienzo las formas esenciales y a continuación añadir con mayor libertad una serie de colores vivos, aplicados en capas muy finas y no con los gruesos empastes de sus obras anteriores.

Paloma Alarcó