Museo Thyssen Bornemisza

Colección Permanente

Autor:

Willi Baumeister

Título:
Fantasma negro
Fecha:
1952
Tipo:
Óleo con resina sintética y arena sobre cartón
Medidas:
81 x 100 cm
Úbicacion:
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Numero de inventario
Nº INV. 461 (1974.47)
ficha de la obra

© Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Más información sobre esta obra

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Willi Baumeister, un artista considerado como «degenerado» por el anterior régimen, se convirtió en una de las figuras que más contribuyeron a la reconstrucción del panorama artístico alemán. Su trayectoria pictórica, que evolucionó desde el anterior constructivismo hacia una abstracción que intentaba sacar a la luz lo primigenio, concediendo una especial relevancia a los aspectos matéricos de la pintura, puede ser definida como una síntesis perfecta entre las dos fuerzas contrapuestas del arte moderno: la racional e intelectualizada, que deriva de Cézanne y el cubismo, y la otra, más vinculada al ámbito de la fantasía y la emoción, que propone la recuperación de los mitos primitivos y eternos. Según sus planteamientos estéticos, publicados en 1947 en su ensayo Das Unbekannte in der Kunst (Lo desconocido en el arte), la principal tarea del artista era hacer visible algo que hasta entonces estaba en el ámbito de lo desconocido: «El arte consiste precisamente en revelarle el mundo a los hombres a través de lo desconocido. El valor nuclear del arte está en lo que es inexplicable, en lo incomprensible».

Fantasma negro, de 1952, pertenece a su etapa final, en la que su pintura sufre una progresiva evolución hacia formas planas, abstractas y monocromas, definida en las series Fantasmas, Montaru y Monturi. En estas obras, de monumentales volúmenes blancos o negros, Baumeister explora el concepto de nada o vacío; un concepto, por otra parte, siempre presente en su pintura. En este caso, se trata de una composición abstracta configurada a partir de un conglomerado biomórfico, ingrávido, de color negro, como un fantasma flotando en el espacio. Como en muchos de los cuadros de este momento, Baumeister elabora un lenguaje de imitación de materiales que convierte la pintura en un falso collage «pintado». Las superficies planas, de colores rojo, amarillo, azul, verde y negro, tienen los bordes irregulares, como si hubieran sido desgarrados, para provocar la impresión de ser papeles rasgados y pegados.

Baumeister siempre se opuso a la idea de informalismo como negación absoluta de la imagen, y proponía como alternativa una especie de autogénesis de las fuerzas vitales creadoras. Como ha señalado Michael Semff, gran parte de la creación de Baumeister surge de la metamorfosis del mundo imaginario. En esta metamorfosis, en este florecer de lo desconocido, veía Willi Baumeister «el poder abarcador del arte en forma de proceso de génesis constante».

Paloma Alarcó