Museo Thyssen Bornemisza

Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Autor:

Maximilien Luce

Título:
Rolleboise, parada bajo un árbol
Fecha:
c. 1925
Tipo:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
54 x 65,4 cm
Úbicacion:
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza
Numero de inventario
Nº INV. (CTB.2000.7)
ficha de la obra

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza

Más información sobre esta obra

Después de 1917, como si buscara una compensación por los horrores de la guerra, Luce, a través de su amigo el pintor Veillet y del ceramista Mettey, conoce Rolleboise, delicioso pueblecito que domina el Sena entre Bonnières y Mantes, cerca de Giverny. Enseguida surge el flechazo entre el pintor y el pueblo escalonado sobre una loma; Luce empieza por alquilar una habitación y, al encontrarse tan a gusto en aquel lugar, en 1920 invierte todos sus ahorros en la adquisición de una casita situada al pie de la iglesia, que plasmará en múltiples ocasiones en sus lienzos. Entonces comienza la etapa de Rolleboise, que se caracteriza por un gran número de paisajes del pueblo y sus alrededores, continuamente repetidos y analizados, como si toda la carrera del pintor hubiese estado abocada a culminar en aquel entorno.

En él, Luce da rienda suelta a su inspiración y nos ofrece una pintura serena en la que el Impresionismo le permite expresar su sensibilidad; lejos de cualquier dictado, es fiel a sí mismo. De hecho, nunca se ha limitado ni sometido a la utilización del procedimiento que tanto apreciaba Georges Seurat. Luce siempre ocupa un lugar aparte. Abandona muy pronto la pincelada dividida de las etapas de Londres, Saint-Tropez o Charleroi, y adopta un toque más amplio, en definitiva más libre y por consiguiente más personal.

En su casa, que se levanta sobre la loma que domina el Sena, trabaja con ahínco, aunque raramente pinta del natural. Luce no se atrinchera en su estudio, sino que pasea incansablemente: con el lápiz y el cuaderno de apuntes en el bolsillo, recorre las orillas del Sena y el campo de los alrededores, ejecutando in situ innumerables «borrones» a partir de los cuales realiza el cuadro en el estudio. Trabaja primero la forma y luego el color. En Rolleboise y sus alrededores, el artista dispone de un magnífico decorado, en el que se deleita plasmando sin descanso la luz que cambia en función del día y de la hora.

En 1927, Jean Texcier dice de él en Tryptique-Lettres-Arts-Sciences: «En Rolleboise, Luce ha realizado sus obras más serenas y más armoniosas, que continúan la gran tradición del paisajismo francés y lo convierten en el heredero de Poussin por el orden y el ritmo de la composición, y en el de Corot por esa poesía de la materia que confiere a cada uno de sus lienzos ese admirable eco que llega hasta lo más profundo de nuestro ser».

En sus cuadros se esfuerza por plasmar el comportamiento de la gente humilde, pues desde siempre se siente atraído por los obreros y los campesinos. Ellos son los que aparecen en los cuadros de Rolleboise, en los que vemos a los aldeanos a orillas del Sena. Así, en La entrada del pueblo, cuadro fechado en 1930, muestra a un carretero que regresa a casa con el tiro, mientras que un lugareño, cuya silueta sugiere al mismo tiempo movimiento y serenidad, se dirige hacia el Sena; dos personajes descansan al borde del agua, acentuando más aún la sensación de sobriedad y de tranquilidad del conjunto.

Nuevamente el sosiego de la vida en el campo es el protagonista del cuadro Parada bajo árbol de 1925, en el que sentimos la tranquila progresión del carro tirado por un caballo, al mostrársenos éste de frente. Luce se siente a gusto en el campo, pues es ahí donde puede dar rienda suelta con mayor libertad a su emoción ante un hermoso árbol cuya representación también contribuye a la estabilidad del conjunto de la composición.

En el campo, Luce se deja embargar más fácilmente por la emoción. El rigor que exigen la ciudad o los astilleros que tantas veces ha representado no tiene aquí razón de ser, y el artista ya no se ve obligado a disimular su sensibilidad. Se muestra emocionado ante el encanto de un río bordeado de árboles, el espectáculo de una pradera o de una loma en la que se levantan unas casitas o unas alquerías.

Él, que tan a menudo ha representado la actividad de la ciudad, la animación de las calles y el trabajo en los astilleros, aprecia ahora, con el paso de los años, los agradables instantes que vive en Rolleboise. Se siente a gusto ante el espectáculo de estos apacibles paisajes; los colores, antaño vivos, a menudo realzados con toques naranjas, son ahora casi siempre naturales, dominando los verdes, los grises azulados y los azules pálidos. Así es el cuadro Alrededores de Rolleboise vistos a través de los árboles. Unos árboles que enmarcan el lienzo, situando la aldehuela dentro de un marco de vegetación, como si quisiera protegerla y reforzar la sensación de intimidad y de paz.

Denise Bazetoux