Museo Thyssen Bornemisza

Colección Permanente

Autor:

Marco Zoppo

Título:
San Jerónimo en el desierto
Fecha:
c. 1450-1455
Tipo:
Técnica mixta sobre tabla
Medidas:
39 x 29 cm
Úbicacion:
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Numero de inventario
Nº INV. 446 (1934.34)
ficha de la obra

© Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Más información sobre esta obra

Una de las primeras obras conocidas de este artista es La Virgen con el Niñoy ángeles del Musée du Louvre, que perteneció a la colección de lord Wimborne. Fechada hacia 1455, lleva una inscripción que enlaza con el primer dato que tenemos de Zoppo, cuando el artista, con veintitrés años, se encontraba en Padua en el taller del pintor Francesco Squarcione. La formación con la que Zoppo llegó al taller de Squarcione se desconoce, aunque no se ha descartado un aprendizaje inicial en Bolonia, localidad próxima a su lugar de nacimiento. El pintor está documentado en esta ciudad en 1461 y a finales de la década de 1460 en Venecia. En 1471 llevó a cabo una de sus mejores obras: el altar para la iglesia de San Giovanni Battista en Pesaro, en cuya tabla central, que se conserva en Berlín, se representan la Virgen y el Niño rodeados de santos. En su estilo se funden elementos procedentes de la pintura veneciana y paduana con otros originarios del foco boloñés, así como ecos de artistas como Mantegna, especialmente en el dibujo, y de Giovanni Bellini en su etapa de madurez.

Desde su primera referencia bibliográfica, San Jerónimo en el desierto ha estado considerado un trabajo de Marco Zoppo. A este respecto, Pallucchini lo fechó hacia 1471 y evaluó la posibilidad de que fuera una de las piezas de la predela de la obra de Berlín, diseñada para la iglesia de Pesaro. Sin embargo, Eberhard Ruhmer dató la pintura hacia la primera mitad de la década de 1450 y resaltó sus paralelismos, en cuanto a técnica y estilo, con el Cristo muerto entre san Jerónimo y san Juan Bautista, de la National Gallery de Londres.

Zoppo coloca su santo penitente en un momento de su meditación, de rodillas y ante la cruz. Los atributos que le hacen reconocible son el león, tumbado a la izquierda, los libros y sobre todo el capelo cardenalicio. La obra está ejecutada con un dibujo firme que se complace, por su cuidado, en la descripción de la masa rocosa que sirve de telón de fondo al santo y donde las piedras, en algunas zonas, adquieren formas fantásticas. Este potente trazo se suaviza con la gama cromática, reducida, pero que confiere unidad al conjunto y en la que predominan los grises, azules y verdes. El pintor tan sólo usa un fuerte bermellón para resaltar el atributo más característico del santo, el capelo cardenalicio, así como algunos de sus objetos personales. En contraste con el duro escenario donde san Jerónimo lleva a cabo su penitencia, Zoppo ha colocado un tonificante paisaje de relajantes verdes y suaves formas con el que concluye los planos más alejados de la pintura. La figura de san Jerónimo sigue una tipología personal en la que es muy definitoria la forma en que se dibuja la extensa y apuntada barba del santo, ejecutada en largos mechones ondulados, así como el cabello que se trabaja en pequeños grupos ensortijados.

De Marco Zoppo se conserva, en la Pinacoteca Nazionale de Bolonia, otro San Jerónimo en el que se repiten algunos de los elementos de esta tabla, como el conjunto rocoso, que en la obra de Bolonia queda más centrado, las disciplinas y los atributos. Zoppo también retomó el tema, pero con un formato apaisado, en la predela del altar de la iglesia de San Clemente del Colegio de España en Bolonia.

Mar Borobia