Museo Thyssen Bornemisza

Colección Permanente

Autor:

Bronzino

Título:
San Sebastián
Fecha:
c. 1533
Tipo:
Óleo sobre tabla
Medidas:
87 x 76,5 cm
Úbicacion:
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Numero de inventario
Nº INV. 64 (1985.2)
ficha de la obra

© Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Más información sobre esta obra

Agnolo di Cosimo di Mariano Tori, conocido como Bronzino, fue uno de los artistas más representativos del movimiento manierista en Florencia. Agnolo, que nació en una localidad próxima a la urbe del Arno, se inició en la pintura con Raffaellino del Garbo. Sin embargo, en su formación el paso decisivo lo dio en el taller de Pontormo, donde el joven pintor continuó su formación y cuya estancia fue decisiva en su educación artística. Bronzino trabajó con Pontormo en la decoración al fresco de la Cartuja de Galluzzo, donde Vasari sitúa sus primeros trabajos, y más tarde en Florencia, donde ayudó a su maestro en la capilla Capponi, en Santa Felicità, entre 1526 y 1528. Los primeros trabajos que Bronzino tiene atribuidos giran en torno a la órbita de Pontormo, y varios de ellos han estado asignados a su maestro, lo que pone en evidencia la absorción del estilo por parte del pupilo. En ese primer grupo, donde encontramos obra religiosa y mitológica de una alta calidad técnica, se incluyen obras tan significativas como La Sagrada Familia con santa Isabel y san Juanito, de hacia 1525-1526, de la National Gallery of Art de Washington, o La Piedad con María Magdalena, de la Galleria degli Uffizi en Florencia, fechada en 1529, de las que emana, pese a los recuerdos de Pontormo, la personalidad del artista, que se aprecia en el tratamiento que da a sus figuras, que resultan más verídicas y menos emotivas que las de su mentor. En la década de 1530 Bronzino está documentado en Pesaro, donde estuvo al servicio del duque de Urbino, participando junto a otros artistas en labores en la Villa Imperiale y donde retrató a Guidobaldo della Rovere, pintura que se conserva en la Galleria Palatina del Palazzo Pitti de Florencia. Dos años más tarde, en 1532, está de nuevo en Florencia, siendo en esta etapa en la que se sitúa este San Sebastián.

San Sebastián entró en la colección Thyssen-Bornemisza en 1984, y según noticias facilitadas por Federico Zeri había pertenecido a una colección privada de Rieti. Zeri, que fue el primer especialista que se interesó por la pintura y que, según parece, la estudió antes de su limpieza, la consideró de Jacopino del Conte, propuesta que no tuvo mucha repercusión. Este San Sebastián se ha relacionado con un trabajo temprano de Bronzino en el que colaboró con Pontormo: concretamente cuatro tondos donde se representan a los Evangelistas realizados para la capilla funeraria de Ludovico Capponi en Santa Felicità en Florencia. Vasari mencionó este trabajo en sus Vidas, tanto cuando trató la de Pontormo como la de Bronzino. El problema de la autoría de estas cuatro pinturas, ya contradictoria en las noticias de Vasari, que además no asignó el nombre de los Evangelistas a los pintores, ha sido objeto de una revisión por la crítica especializada. Uno de estos tondos, el de San Mateo, atribuido a Bronzino, mantiene por su formulación una gran semejanza con esta figura de san Sebastián. Los dos personajes emergen de un fondo oscuro, de medio cuerpo, con el torso desnudo, envueltos en telas. Aunque la figura de san Mateo se instala en el espacio dibujando una marcada diagonal con la posición de sus hombros y su inclinación hacia delante, los paralelismos entre ambos resultan evidentes.

Janet Cox-Rearick puso en conexión con este san Sebastián un diseño conservado en el gabinete de dibujos de los Uffizi, en Florencia, que guarda también una estrecha relación con el trabajo de los Evangelistas en la capilla Capponi de Santa Felicità. Se trata de un estudio hecho para la figura de san Mateo, en el que se reproduce al Evangelista en una postura similar a la del San Sebastián del Museo Thyssen- Bornemisza. Así, ambos se presentan con el cuerpo de frente, girado e inclinado hacia la derecha, mirando a la izquierda y apoyando el peso del cuerpo en su codo izquierdo; su torso se cubre parcialmente con un manto que nos permite apreciar la anatomía.

La pintura se ha fechado hacia 1533, un momento en el que Bronzino afirma su personalidad independientemente de la herencia recibida de Pontormo. En esta pintura observamos cómo los colores son de una mayor opacidad, y las formas, sólidas, se insertan en el espacio casi inmóviles; ambos rasgos son característicos del estilo de Bronzino. Brock apuntó la posibilidad de que este San Sebastián fuera un retrato alegórico.

Mar Borobia