Museo Thyssen Bornemisza

Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Autor:

Paul Gauguin

Título:
Lilas
Fecha:
1885
Tipo:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
34,9 x 27 cm
Úbicacion:
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza
Numero de inventario
Nº INV. (CTB.2000.4)
ficha de la obra

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza

Más información sobre esta obra

El año 1885 fue crítico para Gauguin, tanto en el ámbito de su vida personal como de su orientación artística. Durante los primeros meses del año, el pintor vivió con su familia en Copenhague, la ciudad de su esposa, Mette. Aunque Gauguin figuraba en el censo como viajante de comercio, estaba dedicado cada vez más plenamente a la pintura; en la Sociedad de Amigos del Arte de la capital danesa logró exponer e incluso vender algún cuadro. También escribió unas Notas sintéticas en las cuales se manifiesta una inclinación neorromántica (por ejemplo, en la insistente comparación entre la pintura y la música) y una abierta tendencia a trascender los postulados del Impresionismo. En el mes de junio, tras una violenta disputa con su familia política, Gauguin se marchó a París, llevando consigo a uno de sus hijos, el pequeño Clovis. Aquella separación de su mujer llegaría a ser, con el tiempo, definitiva. En París, Gauguin se encontró en graves dificultades económicas, que trató de resolver pidiendo a Durand-Ruel que le recomprara un Renoir y un Monet de su colección. Sabemos que durante el mes de junio residió en casa de su amigo Schuffenecker y su familia, en el número 29 de la rue Bolard. Fue en aquellos días cuando pintó este Jarrón con flores.

La elección de los objetos de esta naturaleza muerta -el jarrón de porcelana neoclásico con una figura mitológica, las flores, el chal de colores y el libro semioculto- sugiere un gusto refinado si bien algo convencional. El dibujo es más naturalista y menos simplificado que en otros bodegones pintados en la misma época, como la Naturaleza muerta con jarrón de peonías japonesas y mandolina (París, Musée d'Orsay). Comparada con otras obras coetáneas, esta composición ostenta un carácter menos abstracto y una mayor frescura, una espontaneidad más impresionista. Estas peculiaridades se deben, sin duda, a que se trata, más que de un cuadro, de un estudio ejecutado del natural (como confirma su pequeño formato).

En la factura destaca la densa textura del fondo, a base de pinceladas dispuestas en paralelo. Es un recurso tomado de la obra de Cézanne, a quien Gauguin había conocido en el círculo de Pissarro. La sombría y dramática armonía de colores, basada en el contraste entre los toques ligeros y luminosos de las flores y los verdes y azules oscuros del fondo, también podría vincularse con el romanticismo tenebroso del primer Cézanne. En una célebre carta a Schuffenecker escrita desde Copenhague pocas semanas atrás, Gauguin había evocado el ejemplo de Cézanne, en cuya pintura «el color es grave como el carácter de los orientales».

Guillermo Solana