Museo Thyssen Bornemisza

Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Autor:

Edvard Munch

Título:
Paisaje costero
Fecha:
1881
Tipo:
Óleo sobre cartón
Medidas:
37 x 51 cm
Úbicacion:
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza
Numero de inventario
Nº INV. (CTB.1998.32)
ficha de la obra

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza

Más información sobre esta obra

En noviembre de 1880, unas semanas antes de cumplir los diecisiete años de edad, Edvard Munch, que se preparaba para cursar la carrera de arquitectura, anotó en su diario: «Me he borrado de la Escuela Técnica. La verdad es que tengo decidido dedicarme a la pintura». Al poco tiempo fue a la Biblioteca de la Universidad para «estudiar historia del arte» y visitó las exposiciones de pintura noruega contemporánea que se mostraban en la capital con la mirada crítica de un joven muy tímido. Luego acometió la tarea de carpintero de hacerse su propio caballete para trabajar en el campo y empezó a pintar paisajes del natural. En principio se dedicó a plasmar los motivos arquitectónicos que veía desde las ventanas de su casa, un barrio obrero de la capital, pero luego, cuando llegó el otoño, emprendió largas giras por el campo y fue explorando todos los alrededores de Christiania. Con este motivo conoció a otros pintores naturalistas con los que llegó a trabar amistad y que también seguían las nuevas tendencias de conquistar, a solas o en pequeños grupos, las partes desconocidas de la ciudad para el arte pictórico. Así fue cómo Munch siguió el programa del Naturalismo casi al pie de la letra, según lo defendía en la prensa su famoso pariente, el pintor Frits Thaulow.

Ocho meses después de haber tomado tan importante decisión, a finales de julio de 1881, Munch escribió en su diario que pensaba ir a tomar apuntes a Maridalsvannet, el último del grupo de lagos que vertían aguas en el Akerselven, el río que suministraba energía eléctrica a la floreciente industria en expansión de Christiania. 

Casi con toda seguridad la casa que se ve en el cuadro estaba situada en la orilla septentrional del Maridalsvannet, pero años más tarde fue destruida. Se conservan cuadros y dibujos firmados de esta zona hechos ese mismo verano. Como no dice nada en sentido contrario en sus diarios, cabe pensar que el joven artista emprendiera a solas aquellas excursiones, cargando con la comida y todo el material necesario para trabajar y caminando durante las tres horas que separaban su casa del lugar que quería pintar, a doce kilómetros de distancia. También es posible que, cuando podía permitírselo, alquilase una barca como la que se ve en el centro de la composición para reducir el camino a la mitad.

El tema está plasmado prácticamente a mediodía a juzgar por las cortas sombras de un sol que estaría situado al sur. Es muy probable que los personajes representados sean el aldeano y su mujer, de pie delante de su casa, a orillas del lago. Según las teorías naturalistas de la época, se diría que el tema está intencionadamente calcado de la naturaleza. Sin embargo, un complicado juego de perspectivas revela el deliberado proyecto de crear un interesante espacio pictórico.

En este cuadro la luz está concebida de una manera extraordinaria, que pone de manifiesto los típicos ambientes coloristas de este valle, famoso por su luz -que en gran parte se debe a los abundantes abedules- y que Henrik Wergeland, poeta noruego romántico, describió como el «hermoso Maridalen». En el verano de 1880, antes de tomar la decisión de dedicarse a la pintura, Munch ya había ejecutado una serie de estudios de un abedul cercano a su casa en Christiania según el estilo romántico de Camille Corot. Sin embargo, después de optar por hacerse pintor, plasma la luz en el paisaje de manera moderna, recurriendo a una variante del estilo de los artistas franceses naturalistas de la época parecido al de Frits Thaulow. Como había oído hablar de las obras radicales de los impresionistas franceses, aunque no las había visto, centró su paleta en los contrastes complementarios del verde y el rojo, utilizando el negro y el blanco del tronco del árbol para marcar los extremos del espectro de valores. Pocas semanas después de haber terminado este cuadro, ingresó en la academia de dibujo de Christiania, donde inmediatamente se reconoció su excepcional talento, no tardando en convertirse en el más destacado de los alumnos.

Arne Eggum