Museo Thyssen Bornemisza

Colección Permanente

Autor:

Francis A. Silva

Título:
Kingston Point, río Hudson
Fecha:
c. 1873
Tipo:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
51 x 91 cm
Úbicacion:
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Numero de inventario
Nº INV. 760 (1985.10)
ficha de la obra

© Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Kingston Point es un buen ejemplo del luminismo tardío de Francis A. Silva. La conexión espiritual con el entorno que practican los artistas norteamericanos del siglo XIX se manifiesta en el caso de los pintores luministas a través de los valores lumínicos y atmosféricos, y no tanto a través de la abrumadora vegetación y formaciones geológicas que recrearon algunos de sus contemporáneos.

Francis A. Silva eligió para esta escena una de las playas del río Hudson, al norte de Nueva York. Se trata de un paisaje de marcada horizontalidad y con un gran protagonismo del cielo, en el que se produce una sutil gradación de tonos. A su vez destacan la claridad y el equilibrio de la composición, con el velero como eje central, que tan sólo se altera por las rocas que cierran la playa a la izquierda. El tiempo parece detenerse, y el agua, las rocas, las montañas, las nubes y los veleros que salpican las quietas aguas se tiñen de una luz cálida.

CM

Más información sobre esta obra

Entre 1871 y 1876 Francis Silva, un miembro destacado del luminismo americano, pintó obsesivamente las márgenes del mítico río Hudson con diferentes perspectivas y en condiciones atmosféricas y lumínicas variables. Realizado poco tiempo después de su debut en la exposición anual de la National Academy of Design en 1869, Kingston Point, río Hudson es una de esas vistas en las que Silva hizo gala de su habilidad para representar los efectos de luz sobre las tranquilas aguas del ensanche del río.

Toda la escena, ejecutada con una pincelada apretada, pulida y precisa, se llena de una luz rosada centelleante tan propia del luminismo, el estilo triunfante en la escuela americana de paisaje entre 1860 y 1880. La composición plana, abierta y horizontal armoniza con la verticalidad de la embarcación situada en el centro del río. La línea del horizonte muy baja le permite aumentar la luz del cielo, envuelto, al igual que las montañas del fondo, por una neblina muy difusa. Asimismo, el blanco de la vela del barco y su reflejo en las tranquilas aguas destaca en medio de la luz de atardecer que tiñe las aguas y el celaje.

Paloma Alarcó