Fachada del Palacio de Villahermosa al Paseo del Prado (Madrid). 2017

Las obras de remodelación del Palacio de Villahermosa para que se convirtiera en el museo que acogería las obras de la colección Thyssen-Bornemisza comenzaron en enero de 1990. El reto fue adaptar el viejo palacio, cuya última actividad había estado vinculada a la Banca López Quesada, a las condiciones (iluminación, seguridad, sobrecargas, etc.) y servicios requeridos por una pinacoteca. La transformación tenía que ser profunda. El arquitecto Rafael Moneo fue el encargado de acometer el proyecto.

Se trasladó la entrada principal del edificio de la Carrera de San Jerónimo al jardín sobre la calle Zorrilla, para recuperar lo que en su día había sido la fachada norte y para dotar al museo de una entrada más tranquila. La fachada norte se convertía así en punto de arranque para la nueva estructura. La remodelación permitió dotar de luz natural al museo en la planta más alta, la que se destina a la pintura antigua, en tanto que en las otras dos, que albergan el resto de la colección, se cuenta con los huecos sobre el Paseo del Prado. El respeto a las proporciones, el cuidado en el diseño de los pavimentos, el tratamiento de los espesos muros, los delicados estucos, etc., expresan una voluntad muy aproximada a lo que fue la arquitectura original del Palacio.

La ampliación del Museo

Esquina del Palacio de Villahermosa con la ampliación del Museo Thyssen-Bornemisza desde el jardín

Pasados unos años, se inicia un proyecto de ampliación que tiene su origen en la necesidad de aumentar el espacio expositivo para poder exhibir al público la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, junto con la oportunidad de adquirir dos inmuebles adyacentes al Palacio de Villahermosa, que lo hizo viable. La ampliación proporcionó al museo un cincuenta por ciento más de superficie, y permitió actualizar y mejorar todos los espacios y programas complementarios a la Colección Permanente, de vital importancia para cualquier museo moderno.

Realizado por el equipo de arquitectos Manuel Baquero, Robert Brufau y el estudio BOPBAA, se buscó que los dos edificios, el antiguo y el nuevo, quedaran convertidos en un único espacio, capaz de compartir actividad y recorridos. Para ello, se llevó a cabo la demolición parcial de los edificios anexos al Palacio de Villahermosa, manteniendo la crujía posterior y toda su fachada para rehabilitarla. Se mantuvo la relación de las fachadas centenarias con el barrio, al tiempo que la intervención liberaba parte de la antigua parcela para levantar en ella un edificio moderno a medida para los usos más públicos: las salas de exposiciones. El resultado final es un edificio en forma de “L” destinado principalmente a oficinas y servicios internos, que envuelve una construcción de nueva planta conectada con el Palacio de Villahermosa y destinada a zona de exhibición.

Fachada del Palacio de Villahermosa desde el jardín del Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid)

En su actual configuración, el jardín de acceso al Museo -enmarcado por el Palacio de Villahermosa y con el telón de fondo de la fachada blanca del nuevo deja de ser un lugar de paso para convertirse en el vestíbulo exterior del Museo, punto de encuentro y lugar de esparcimiento público.

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