Desde los primeros daguerrotipos de finales de la década de 1830 y, sobre todo, tras el descubrimiento en años posteriores de las técnicas de impresión fotográfica en papel, la relación de la fotografía y la pintura fue muy estrecha. El ojo artificial de la cámara de fotógrafos como Le Gray, Cuvelier, Nadar o Disderi, por citar a unos cuantos, estimuló en Manet, Degas y en los jóvenes impresionistas el desarrollo de un nuevo modo de mirar el mundo. La fotografía influyó en el impresionismo tanto en la observación científica de la luz o en la representación de un espacio asimétrico y truncado como en la exploración de la espontaneidad y la ambigüedad visual. Asimismo, por influencia de la nueva factura impresionista, algunos fotógrafos comenzaron a preocuparse por la materialidad de sus imágenes y a buscar fórmulas para hacer sus fotografías menos precisas y con un efecto más pictórico.

La exposición Manet, Degas, los impresionistas y la fotografía, que el museo presenta en 2019 con la colaboración de la Comunidad de Madrid y el mecenazgo de JTI, se suma a esta línea historiográfica, planteando una reflexión crítica sobre las afinidades e influencias mutuas entre fotografía y pintura, sin olvidar la fructífera polémica entre críticos y artistas que su aparición desencadenó en Francia durante la segunda mitad del siglo XIX.

La muestra, comisariada por Paloma Alarcó, se articula en ocho capítulos temáticos - El bosque, El agua, El campo, Monumentos, La ciudad, El retrato, El desnudo y El movimiento - en los que confluyeron los intereses de pintores y fotógrafos.

Con el mecenazgo de:           Colabora:

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Comunidad de Madrid

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