[Foto_27] Será entonces Rafael Moneo (1937-) el encargado de convertir la Banca López Quesada en sede del Museo Thyssen-Bornemisza entre 1989 y 1992. Respetuoso con el proyecto inicial de Antonio López Aguado, Moneo decide conservar el antiguo carácter palaciego del edificio, pero cambiará el ordenamiento de las crujías, que se proyectan perpendiculares al Paseo del Prado. Aunque Moneo mantiene el patio de luces central de Moreno Barberá, lo estrecha y lo conecta con la fachada del jardín. Ésta, a diferencia del proyecto de Moreno Barberá, pasa ahora a convertirse en elemento vertebrador de todo el edificio y única entrada de acceso al mismo.

En 2004, con el propósito de dar cabida al préstamo de la colección Carmen Thyssen-Bornemisza, el museo amplía sus espacios hacia los palacios adyacentes de Goyeneche y de Guaqui. La adaptación de los edificios históricos –de los que se conservó su fachada– a las necesidades de oficinas y salas de exposición del museo corrió a cargo del estudio de arquitectura BOPBAA. De cara al jardín se construyó una fachada neutra de hormigón encalado y cristal. En el interior, por el contrario, se replicaron con algunas variantes las salas del museo original, con sus crujías perpendiculares al Paseo del Prado.

Con esta última reforma –que ha recuperado las antiguas caballerizas del palacio Villahermosa– se cierra un fecundo periodo de doscientos años de historia, con un museo abierto al porvenir.

Bibliografía

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