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Hubert de Givenchy

Del 22 de octubre de 2014 al 18 de enero de 2015

Aforo limitado. Se recomienda la entrada anticipada



Autor:
Robert Doisneau
Título:
Hubert de Givenchy
Fecha:
1960
Ubicacion:
© Robert Doisneau

Impresionismo americano

Del 4 de noviembre de 2014 al 1 de febrero de 2015

Aforo limitado. Se recomienda la entrada anticipada



Autor:
Mary Cassatt
Título:
Otoño, 1880 (detalle)
Técnica:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
92,5 x 65,5 cm

Ubicacion:
Musée des Beaux Arts de la Ville de Paris, Petit Palais, París, PPP00706 © Petit Palais/Roger Viollet

Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Autor:
Sanford Robinson Gifford
Título:
Cerca de Palermo
Fecha:
1874
Técnica:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
40 x 75 cm
Úbicacion:
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza
Numero de inventario
Nº INV. (CTB.1982.42)

Más información sobre esta obra




El itinerario de Gifford durante su segunda gira por Europa incluyó una parada en Sicilia. Desembarcó en Messina el 7 de septiembre de 1868 y viajó por la isla antes de llegar a Palermo a finales de ese mismo mes. A Palermo, la capital de Sicilia, se la conoce como La Città Felice, reputación basada en su clima semitropical, su fértil vegetación y sus espléndidos alrededores. El monte Pellegrino se alza sobre la Conca d'Oro, en la punta noroeste de la bahía de Palermo. Ya Goethe, un siglo antes, había alabado su belleza en los siguientes términos: «Una gran masa rocosa más ancha que alta [.] no hay palabras para describir la hermosura de su forma». Gifford captó su aspecto como parte del paisaje montañoso que se extiende por el horizonte en este cuadro. Se yergue sobre el primer plano bajo, con el espacio abierto del mar y la lisa y ancha carretera que conduce la mirada del espectador hasta los edificios de la ciudad que se levantan en el extremo más alejado de la costa. El artista plasmó esta escena en, al menos, un dibujo a lápiz y tres cuadros. Éste, que es el de mayores dimensiones y el último de la serie, perteneció a Mary, la hermana del artista, que le aguardaba en Roma mientras él exploraba la isla, de mala reputación.

Gifford viajó siguiendo, no sólo las huellas de Goethe, sino también las del paisajista norteamericano Thomas Cole, que había visitado el lugar más de dos décadas antes. Cole dejó testimonio de la fascinación que le había causado «la tierra clásica de Sicilia»: «las impresiones que dejaron en mi mente su pintoresquismo, su fertilidad y la grandiosidad de sus ruinas arquitectónicas tienen más fuerza y están cargadas de referencias más sublimes que cualquiera de las que recibí durante mi última estancia en Europa».

Cole, al igual que la mayoría de los artistas norteamericanos que llegaron a Sicilia, pintó Taormina y el Etna. Sin embargo Gifford halló en esta vía pública a orillas del mar, poblada de carruajes y viandantes, inspiración para una escena serena y contemplativa.

El artista recorrió la zona dibujando sus paisajes y costumbres a todas las horas del día, incluyendo el desfile vespertino de elegantes comitivas y atuendos de la sociedad de Palermo que siempre impresionaba a los forasteros. Sin embargo, en este lienzo plasma la carretera y los vehículos que por ella transitan bajo una intensa luz del sol (indicada por las sombras). Esta obra es un ejemplo de la extraordinaria sensibilidad artística de Gifford y de su planteamiento luminista. Al situar la línea del horizonte baja, la mayor parte de la composición queda iluminada por una luz gloriosa y delicadamente difusa que transmite una sensación de serenidad. El artista envuelve las montañas, como suele hacer a menudo, en un velo de niebla; éste es el corolario visual de su teoría de que «el tema que de verdad importa no es el objeto natural en sí sino el velo del medio a través del cual lo percibimos». Las diferentes superficies del cuadro están cuidadosamente moduladas. Se percibe una sutil gradación de tono de abajo arriba, combinada con una escala gradual de la aplicación de la pintura: las minuciosas pinceladas que definen el espacio del primer término conducen a un segundo plano más pictórico que, a su vez, deja paso a una aplicación más pulida en la parte superior del cielo. En este cuadro se puede estudiar la magia personal de su arte: su capacidad para crear un paisaje de Palermo cuidadosamente observado, en el que la especificidad topográfica queda subordinada a la gloriosa bruma del ambiente mediterráneo.

Katherine E. Manthorne

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