Pissarro
Del 4 de junio al 15 de septiembre de 2013
<miradas cruzadas> 6: Reflejos. De Van Eyck a Magritte
Nueva instalación de la colección permanente
Del 10 de junio al 15 de septiembre de 2013
Joos van Cleve fue un pintor de los Países Bajos activo durante la primera mitad del siglo XVI, cuya producción refleja cierta influencia de la pintura italiana, aunque siempre partiendo de postulados flamencos. En esta tabla Van Cleve representa un tema que, posteriormente en el siglo XVII, gozó de mucha popularidad. El artista nos muestra al Niño en un primer plano, en un refinado contrapposto sobre la bola del mundo y sujetando una cruz con una mano, mientras que con la otra está bendiciendo. Esta imagen evoca la idea de la Pasión de Cristo y la del Niño como Salvador de la humanidad. Iconográficamente la obra refleja el influjo de la cultura clásica, que tomó el modelo de Cupido con una esfera que alude al amor para Jesús; y también con la Fortuna, que suele tener a sus pies la bola de la inestabilidad. La influencia italiana se evidencia asimismo en el ligero sfumato de la figura, herencia de Leonardo da Vinci; las referencias a la pintura flamenca aparecen en el paisaje de la bola del mundo, que enlaza con a artistas flamencos como Joachim Patinir.
NR
Esta pintura, de pequeñas dimensiones, tal vez estuvo destinada al culto privado. En ella Joos van Cleve presenta un tema iconográfico que tuvo una amplia difusión en el siglo xvii, durante la Contrarreforma, y especial fortuna en España, donde se representó tanto en escultura como en pintura. Este Niño Jesús se ha fechado hacia 1530, en la última década de actividad del artista, y por tanto corresponde a su periodo de madurez. Durante esta etapa, Joos van Cleve se trasladó a la corte francesa de Francisco I, donde, según parece, pudo permanecer entre 1528 y 1535, momento en que su nombre desaparece de los registros de la ciudad de Amberes. De su paso por la corte de Francisco I quedan testimonios de su trabajo como retratista en las efigies que se conservan del monarca y de su esposa, Leonor de Austria. En esos años su pintura registró un cambio en el que sus figuras tienden hacia cánones más alargados, sus colores se vuelven más tostados y su pincelada se funde consiguiendo un acabado muy pulido. En la pintura de Joos van Cleve también hay un fuerte componente procedente del mundo italiano, concretamente referencias de las obras de Rafael, que el artista empleó en sus composiciones con la Virgen y el Niño, así como de Leonardo, cuyo sfumato se percibe también en determinados óleos; no se descarta la posibilidad de que Joos van Cleve visitara Italia durante los años que estuvo ausente de Amberes.
Van Cleve funde en esta imagen recuerdos italianos y flamencos. Así, el Niño, de cuerpo entero, en un elegante contrapposto sobre una esfera de cristal, sostiene una delgada cruz en una mano, mientras que con la otra bendice. Su cuerpo se mantiene en un frágil equilibrio aunque apoya con precisión y firmeza sus pies sobre la bola. En esta pintura, los antecedentes para Jesús hay que buscarlos en el arte italiano, y en el arte flamenco las referencias para el paisaje de la esfera que se enmarca con cuatro alas. Este tipo de representación, como ya se ha señalado, se popularizó durante el siglo xvii. En ella se mezcla la infancia despreocupada y el futuro sacrificio que tendrá que afrontar Jesús; la idea de esta combinación era conmover al creyente y promover la meditación. La idea produjo bellas de imágenes del Niño durmiendo sobre la cruz, el Niño con una pequeña cruz o el Niño aplastando con sus pies a la serpiente. Este mensaje se había representado antes en las artes a través de símbolos como las uvas, en relación con la Eucaristía y con el sacrificio en la cruz, con los claveles rojos, en conexión con la Pasión, o con un fruto como la manzana vinculado a la Redención. En la fijación de esta iconografía no se han descartado préstamos de la cultura clásica, entre los que se han mencionado asociaciones con la figura de la Fortuna que lleva una bola a sus pies como símbolo de la inestabilidad, o con Cupido, tal vez la más próxima, ya que se le representa siempre bajo la apariencia de un niño, y aunque no es muy frecuente entre sus atributos, la bola nos recuerda la universalidad del amor. La esfera, en general, símbolo del universo, fue utilizada también en los retratos de los soberanos para expresar su poder, y en la pintura religiosa para simbolizar el mundo. El mensaje que Joos van Cleve nos transmite con este Niño es claro: Cristo como salvador de la humanidad.
La pintura entró en la colección Thyssen-Bornemisza en 1975, procedente del mercado de arte holandés. La referencia más antigua que conocemos de ella es de 1927, cuando estaba con el marchante berlinés Julius Böhler
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