Hiperrealismo. 1967-2012
Del 22 de marzo al 9 de junio de 2013
Se recomienda la compra anticipada de entradas
< miradas cruzadas > 5: Juego de interiores. La mujer y lo cotidiano
Nueva instalación de la colección permanente
Del 26 de febrero al 10 de junio de 2013
En el Salon d'Automne de 1907, donde Dufy exponía tres cuadros, tuvo lugar una gran retrospectiva de la obra de Cézanne, que iba a a marcar una nueva etapa en la pintura francesa y europea. Como consecuencia de ella, varios de los pintores que habían militado en el Fauvismo, como Derain y Braque, atenuaron su furor cromático y se volvieron hacia el maestro de Aix en busca de un nuevo acento en la construcción de las formas y el espacio pictórico, abriendo así el camino que conduciría al cubismo. También Dufy participó por un tiempo en este espíritu. En la primavera de 1908 viajó a l'Estaque, cerca de Marsella, a los escenarios que habían inspirado a Cézanne algunos de sus cuadros más memorables, y allí, codo a codo con Braque, pintó una serie de paisajes de formas angulosas, geometrizadas. En su serie de cuadros de árboles pintados en l'Estaque, el espacio pictórico se estructura arquitectónicamente en planos superpuestos, enmarcados por los troncos inclinados en forma de arcos. Las pinceladas paralelas en diagonal imprimen un equilibrio dinámico a la fusión de formas geométricas. Dufy ha abandonado la euforia colorista de su período fauve, para limitarse a una sobria gama de verdes y ocres. Este período cézanniano de Dufy se prolongaría hasta 1915; en todo caso, el pintor no seguiría a Braque en su camino hacia el Cubismo.
Entre 1909 y 1910 Dufy pintará una serie de naturalezas muertas de carácter experimental, entre las que destacan ocho cuadros cuyos protagonistas son los plátanos, a veces acompañados, como en este caso, por la figura fálica de una mano de mortero. Ciertos rasgos de estas pinturas evocan el recuerdo de Cézanne. Ante todo la tendencia a evitar la perspectiva renacentista, atendiendo sólo a las exigencias del plano pictórico. En el cuadro predomina el punto de vista elevado, característico de Cézanne, que tiende a aplanar el volumen de los objetos. Éstos contemplados desde distintos puntos de vista se ordenan sobre el mismo plano, como en una composición heráldica. Pero la influencia cézanniana está modificada por un impulso de otra naturaleza. Las formas ahusadas, ojivales, sugieren un aire gótico. La factura de trazos paralelos delata una extraña agitación. El estilo resultante tiene poco que ver con la tendencia clásica-constructiva de la mayoría de los cézannianos, y recuerda más bien el movimiento sincopado del Expresionismo; por ejemplo, de los pintores del grupo Brücke. En diciembre de 1909, Dufy se trasladaría por una temporada a Múnich, invitado por el pintor alemán Hans Purrmann, uno de los primeros alumnos de Matisse. En Múnich, donde le esperaba su amigo Othon Friesz, instalado en la capital bávara desde meses atrás, Dufy visitaría una retrospectiva de Van Gogh en la galería Brakl. En los escasos cuadros que iba a pintar en aquella ciudad se consumaría su acercamiento temporal a la evolución de la pintura alemana. Quizá por ello Herwarth Walden, fundador de la galería berlinesa Der Sturm, expuso en 1912 algunas obras de Dufy de este período cézanniano
Guillermo. Solana
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