De sucursal del Banco Comercial Transatlántico a sede de la Banca López Quesada
 

Palacio de Villahermosa. Zaguán de entrada y escalera. Fotografías en Blanco y Negro, 1966
Palacio de Villahermosa. Zaguán de entrada y escalera. Fotografías en Blanco y Negro, 1966

Tras la Guerra Civil, el palacio todavía pertenecía a la titularidad de los duques de Villahermosa, aunque durante algún tiempo albergó el Sindicato Nacional del Combustible. En 1956, coincidiendo con el inicio del desarrollismo español, las dos primeras crujías de la planta baja colindantes con el Paseo del Prado fueron alquiladas al Banco Comercial Transatlántico para convertirlas en sucursal. Se rasgó uno de los viejos balcones del Paseo del Prado para convertirlo en la entrada y se tapió el paso al resto del inmueble. No obstante, el edificio conservaba aún la complicada ordenación interna heredera de la original. Así se podrá observar diez años más tarde, con motivo de un reportaje fotográfico de la revista Blanco y Negro (08-01-1966).
 

Fernando Moreno Barberá: Planta baja de la sede de la Banca López Quesada en 1973, dibujada por Rafael Moneo
Fernando Moreno Barberá: Planta baja de la sede de la Banca López Quesada en 1973, dibujada por Rafael Moneo

En 1971 el palacio fue íntegramente vendido a la Banca López Quesada. Esta última, con el propósito de convertirlo en su sede central, encarga a Fernando Moreno Barberá (1913-1998) su reforma integral. Las obras comienzan dos años más tarde y se extenderán hasta 1976. Si bien se respetan las tres fachadas, se vacía el interior, se excavan tres plantas subterráneas y se construye una sala de operaciones central rodeada de una doble crujía perimetral. El acceso del público se establece, nuevamente, desde la Carrera de San Jerónimo, y el privado –reservado a la alta dirección y los miembros del consejo– desde el jardín.

Ahora bien, en 1983 la Banca López Quesada quiebra y es controlada por el Fondo de Garantías de Depósitos, dependiente a su vez del Banco de España. Se baraja entonces que el palacio de Villahermosa pase a formar parte de la esperada ampliación del vecino Museo del Prado. De hecho, su interior llega a ser utilizado como sala de exposiciones de la pinacoteca madrileña y sede de las oficinas de la Fundación de Amigos del Prado. Pero finalmente se ofrece al barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza como futura ubicación de su colección.

 

Museo Thyssen-Bornemisza 

Rafael Moneo: Planta baja. Despiece de solados. Plano del proyecto de ejecución, 1990
Rafael Moneo: Planta baja. Despiece de solados. Plano del proyecto de ejecución, 1990

Será entonces Rafael Moneo (1937-) el encargado de convertir la Banca López Quesada en sede del Museo Thyssen-Bornemisza entre 1989 y 1992. Respetuoso con el proyecto inicial de Antonio López Aguado, Moneo decide conservar el antiguo carácter palaciego del edificio, pero cambiará el ordenamiento de las crujías, que se proyectan perpendiculares al Paseo del Prado. Aunque Moneo mantiene el patio de luces central de Moreno Barberá, lo estrecha y lo conecta con la fachada del jardín. Ésta, a diferencia del proyecto de Moreno Barberá, pasa ahora a convertirse en elemento vertebrador de todo el edificio y única entrada de acceso al mismo.

En 2004, con el propósito de dar cabida al préstamo de la colección Carmen Thyssen-Bornemisza, el museo amplía sus espacios hacia los palacios adyacentes de Goyeneche y de Guaqui. La adaptación de los edificios históricos –de los que se conservó su fachada– a las necesidades de oficinas y salas de exposición del museo corrió a cargo del estudio de arquitectura BOPBAA. De cara al jardín se construyó una fachada neutra de hormigón encalado y cristal. En el interior, por el contrario, se replicaron con algunas variantes las salas del museo original, con sus crujías perpendiculares al Paseo del Prado. Con esta última reforma –que ha recuperado las antiguas caballerizas del palacio Villahermosa– se cierra un fecundo periodo de doscientos años de historia, con un museo abierto al porvenir.

Desde 2021 el museo, como parte del eje del Paseo del Prado y del Buen Retiro, ha sido incluido como El Paisaje de la Luz en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Imagen
Pablo Casares: Fachada norte del edificio del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Bibliografía

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